¿Te da pena decir "NO"?


¿Te da pena decir "NO"?
Cuántas veces te has sentido obligado(a) a hacer algo que no quieres? Sí, aunque suene muy tonto, muchos de nosotros, hemos estado en situaciones donde nos es muy difícil decir “no”.

Ya sea por pena o por miedo a que te rechacen, a que se burlen de ti o, a que los demás piensen que no estás en onda. El caso es que cuando te orillan a hacer cosas que no quieres, estás dejando que los demás se apoderen de tu libertad y de tu capacidad de tomar decisiones.



¡QUÉ HORROR!...
Pues sí, es espantoso cuando alguien te está molestando día y noche para hacer algo que tú no quieres. Tanto te muelen hasta que de plano accedes a la dichosa petición, con tal de que te dejen de insistir y claro, por no ser grosero(a) y porque tampoco quieres que piensen mal de ti y digan que eres pedante, nerd o un(a) nefasto(a).

Lo que pasa al día siguiente, también es espantoso; te arrepientes de haber dicho que sí y terminas por pensar que eres “un(una) burro(a)” por no haber rechazado la petición. ¡Que horror! –piensas; sí tan sólo hubieras tenido los pantalones necesarios para negarte.



EL QUE ENTRE GANDALLAS SE MUEVE...
Analicemos una situación muy simple: tu mejor amigo te llama todos los días para que vayan juntos a un antro con otro tipo que a ti no te cae bien (porque además de que se cree básico, es un gandalla egoísta).

En fin, tú le dices que no puedes este fin. Claro que no le vas a decir que el otro chavo te cae súper mal. Pero tu amigo se las ingenia para seguir molestando. Total que arma el reventón para el próximo fin, y como ya le habías dicho que el viernes tenías que ir a cenar a casa de tu tía, pues tu cuate organiza el reven para el sábado, con tal de que tú puedas ir. Ahora sí te quedaste sin pretextos y vas a tener que ir al mugre antro.

Obviamente que todo lo que queda de esa semana y de la próxima te la pasas lamentándote porque no te atreviste a decirles que NO, que te da flojera y que hubieras preferido quedarte a ver una película con una posible galana; pero en fin, todo sea por la amistad, por no quedar mal y por evitarte el oso.




…AL FINAL…. ¡PERO QUÉ FINAL!
Llega el sábado y tienes que llevar tu coche porque tus cuates decidieron a última hora que te tocaba manejar a ti. Haces cuentas y no tienes mucho dinero para gastar; cero te latía gastártelo en el antro y para colmo terminaste pagando el estacionamiento.

Fueron horas para que los dejaran entrar; ya que por fin el de la puerta se compadeció de ustedes, entraron y los otros dos empezaron a tomar como locos. Injustamente, el cuentononón se dividió entre los tres, sin mencionar la botana que pidieron y que ni se acabaron.

Para acabarla de amolar, eran más de las 4 de mañana y tus cuates no tenían para cuando irse; tú ya te estabas quedando dormido en el sofá. Llegaste a tu casa molido y tus papás te leyeron la cartilla por llegar tan tarde… Yo creo que mejor ahí le paro con el ejemplo, porque si no, nunca termino…




LA CRUDA REALIDAD
Al día siguiente: la cruda moral, el arrepentimiento. ¿Por qué tuve que ir a ese antro?, ¿por qué tuve que soportar a estos cuates?, ¿por qué me gasté todo mi dinero a lo tonto?, ¿por qué no pude decir NO y punto? Éstas y muchas preguntas son las que te asaltan después de sufrir las consecuencias de no haber podido decir “no”.



SER BUENA ONDA, PERO CON LÍMITES...
Digamos que hasta cierto punto es normal que uno quiera ser buena onda y ceder a lo que nos piden los cuates; después de todo, son nuestros amigos. Pero también hay límites, hay barreras de confianza que nosotros mismos debemos de saber controlar y ubicar adecuadamente. El precio del arrepentimiento es demasiado caro. Es mejor armarte de valor y aprender negarte.



LA CLAVE: LA CONFIANZA EN TI MISMO
En realidad tú no tienes por qué entregarle cuentas a tus amigos o conocidos. Los únicos que merecen explicaciones acerca de tu conducta son tus papás y a veces tus maestros, y ellos nunca te van a pedir que hagas algo por lo que más tarde te vas a arrepentir; al contrario.

Ten confianza en ti mismo, toma decisiones inteligentes, sé firme, no tengas miedo de que los demás no te acepten por haber rechazado una invitación.

Los amigos que te aprecian y te tienen cariño y respeto verdadero, nunca te van a juzgar, ni te van a pedir cuentas y mucho menos te pedirán hacer cosas que no quieres hacer. Aprende a controlar la presión de tu grupo de amigos y encuentra un balance sano que te permita ser parte de ellos.

No vale la pena seguir atormentándote. Generalmente, los necios no paran hasta que consiguen lo que quieren, pero contigo va a ser muy diferente. No hay nada peor que el sentimiento de culpa y no hay razón para que lo sufras. De ahora en adelante, aprende a tener confianza y a decir “no” con naturalidad. No pasa nada; quien te quiere, te aceptará de cualquier forma.

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