Una herida de un abuso sexual puede ser sanada



Niños abusados: víctimas que callan y agresores impunes
Manuel Velásquez




"Hola de pequeña sufrí abusos sexuales desde los 5-9. Él hizo como si no hubiese ocurrido nada y me ha estado tratando luego como una hermana. Era el mejor amigo de mi hermano hasta hace varios años. Ahora tengo 20 y no lo he superado todavía. Fui a psicóloga Y caí mas bajo en el pozo de lo que ya estaba. Si mi familia se entera esa persona se puede dar por muerta y enterrada a 50 m bajo tierra. Por favor necesito hablar con alguien que lo haya superado. O que crean que me pueden ayudar".

El texto anterior es un mensaje dejado en el blog migueladame.blogspot.com, especializado en publicar y dar a conocer información relacionada al tema del Abuso Sexual Infantil. Un tema que en muchos países, incluyendo México, se ha relegado como si no importara, como si ni siquiera existiera. Cosa que para las miles de personas que han sufrido de éste es una injusticia, ya que casi no hay los medios necesarios para informar, prevenir y denunciar este atroz crimen.
Se conoce al Abuso Sexual Infantil (ASI) o pederastia a toda conducta en la que un menor es utilizado como objeto sexual por parte de otra persona con la que mantiene una relación de desigualdad, ya sea en cuanto a la edad, la madurez o el poder. Se trata de un problema universal que está presente, de una u otra manera, en todas las culturas y sociedades y que constituye un complejo fenómeno resultante de una combinación de factores individuales, familiares y sociales. [...] Supone una interferencia en el desarrollo evolutivo del niño y puede dejar unas secuelas que no siempre remiten con el paso del tiempo.

Estadísticas que hielan la sangre
El ASI es un gran problema a nivel mundial. Para constatarlo, sólo faltan ver las estadísticas, y es que:
• Tres de cada 10 personas son objeto de abuso sexual infantil.
• 1 de cada 4 niñas es abusada sexualmente antes de cumplir 18 años.
• 1 de cada 6 niños es abusado sexualmente antes de cumplir 18 años.
• 1 de cada 5 niños es abordado sexualmente a través de Internet.
• Casi el 70 por ciento de todos los asaltos sexuales (incluyendo los asaltos a adultos) ocurren a niños de menos de 17 años.
• Más del 70 por ciento de los pederastas tiene entre 1 y 9 víctimas; al menos el 20 por ciento tiene entre 10 y 40 víctimas.
• Entre el 30 y el 40 por ciento de las víctimas son abusadas por un miembro de la familia.
• De los niños menores de 12 años que reportaron abuso sexual, el 13.2 por ciento refirió como agresor al padre y el 9.6 por ciento, al padrastro.
• En el caso de los adolescentes (12 a 17 años) el 9.6 por ciento señaló al padre y el 7.7 por ciento al padrastro.
• Otro 50 por ciento son abusadas por alguien fuera de la familia, pero a quien conocen y en quien confían.
• Aproximadamente el 40 por ciento es abusada por algún niño mayor conocido.
• Sólo el 10 por ciento es abusada por un extraño.

La media del abuso sexual está en los nueve años, sin embargo más del 20 por ciento de los abusados, son menores de 8 años y un 50 por ciento es mayor de 12.
Pero lo que también es sumamente alarmante es que la gran mayoría de los que son abusados, no revelan el hecho. Existe la sorprendente estadística de que un 30 por ciento de las personas jamás se lo dirá a alguien. Y es que gran parte de este problema, es que los menores no reconocen que fueron abusados por alguna persona.

Pero también, más del 80 por ciento de las víctimas niegan o son reacias a revelar el abuso. De las que sí lo revelan, aproximadamente el 75 por ciento lo hace accidentalmente. De aquellas que sí lo hace intencionalmente, más del 20 por ciento eventualmente se retracta aunque el abuso efectivamente haya ocurrido.

Las falsas acusaciones constituyen sólo entre el 1 y el 4 por ciento de las denuncias. De éstas, el 75 por ciento son realizadas por adultos y el 25 por ciento por niños. Los niños sólo realizan falsas acusaciones el 0.5 por ciento de las veces.


Las leyes, como siempre, el talón de Aquiles.
El panorama, como se puede ver es muy desalentador y completamente escalofriante. En México la situación es igualmente aterradora, ya que se estima que cada hora un menor es abusado sexualmente.

Las leyes en México, como siempre hay unas muy buenas y otras no tanto. A pesar de que está tipificado el Abuso Sexual Infantil en casi todas las legislaciones del país, en el Código Penal Federal, se estipula en el artículo 261: "Al que sin el propósito de llegar a la cópula, ejecute un acto sexual en una persona menor de doce años de edad o persona que no tenga la capacidad de comprender el significado del hecho o que por cualquier causa no pueda resistirlo o la obligue a ejecutarlo, se le aplicará una pena de dos a cinco años de prisión".

Al que abuse de una persona mayor de 12 años, y que no tenga cópula, se le impondrá una pena de seis meses a cuatro años de prisión.

Así mismo, en el artículo 262, se estipula que al que tenga cópula con una persona mayor de 12 años y menor de 18, obteniendo su consentimiento por medio de engaño, se le aplicará de tres meses a cuatro años de prisión.

En cuanto al Abuso Sexual a menores de 12 años, al que tenga sin violencia realice cópula se le impondrá una pena de ocho a 14 años de prisión.

Si algún familiar es el que tuvo contacto, las penas previstas para el abuso sexual y la violación se aumentará hasta en una mitad en su mínimo y máximo.

El problema viene cuando se quiere denunciar, y es que a decir de muchos familiares de víctimas y ellas mismas, los procedimientos legales y médicos son como un segundo abuso, ya que a los menores los tienen que revisar en sus partes íntimas. Aparte de que tienen que carearse ante los agresores, lo que supone un peso más que cargar. Psicólogos, inclusive recomiendan no denunciar, ya que puede ser más traumático el acudir con las autoridades que el mismo abuso sexual.

Otro punto débil en las leyes de los estados, es que si hay Abuso Sexual Infantil y la víctima queda embarazada, no hay repercusiones para el agresor si este se casa con la menor. Esto puede suceder en 25 estados de la República.

Sintomatología Asociada al Abuso Sexual.
• Niños Menores de 3 años:
Trastornos en el sueño y en el dormir, trastornos en la conducta alimentaria, trastornos en los niveles de actividad, comportamiento regresivo y/agresivo, conocimiento sexual inapropiado para la edad, actividad sexual inadecuada
• Preescolares:
Conductas sexualmente inadecuadas, ansiedad, alteraciones de sueño, pesadillas, temores y fobias, conductas compulsivas, masturbación, trastornos de aprendizaje, conductas seductoras hacia adultos, intensa ansiedad ante la separación.
• Escolares:
Dificultades en aprendizaje, alteraciones en rendimiento escolar, conflicto con figuras de autoridad, desconfianza de los adultos, sobre adaptación, comportamiento hostil, comportamiento cleptómano, crueldad con animales, desesperanza, tristeza, episodios de coerción sexual sobre niños más pequeños y retraídos.
• Adolescentes:
Intensa auto destructividad, búsqueda compulsiva de castigo, tentativa de suicidio, actuaciones heterodestructivas (homicidio), conductas delictivas, adicciones, fugas del hogar, promiscuidad sexual, prostitución, disociación, trastornos en la identidad, trastornos psicopatológicos severos, sobre adaptación, retraimiento, represión, inhibición sexual llamativa, intolerancia frente a manifestaciones verbales de contenido sexual, acentuada incapacidad para interactuar con el sexo opuesto, homosexualidad, depresión, perdida de la autoestima, rebelión creciente, quejas somáticas, actos ilegales, huidas de casa, aislamiento social, suicidio, autolesiones, abuso de sustancias.


¿Cuáles son los derechos de los sobrevivientes de ASI.?
1. Administrar tu vida de acuerdo a tu criterio y tus valores.
2. Dirigir tu proceso de recuperación, sin reportar a nadie tus metas, esfuerzo o progreso.
3. Recopilar información para tomar decisiones acertadas con respecto a tu recuperación.
4. Rechazar la ayuda ofrecida sin tener que justificar tu decisión.
5. Tener fe en tus poderes de auto restauración y buscar aliados que la compartan.
6. Confiar en tus aliados en tu proceso de sanación igual como lo hacen los demás adultos entre ellos mismos.
7. Sentir miedo y evitar lo que te asusta.
8. Decidir por ti misma o mismo, cuándo, cómo y si es que enfrentarás tus miedos.
9. Aprender experimentando, es decir, cometiendo errores.
10. Ser tocada sólo con tu permiso y sólo de maneras que no te incomoden.
11. Elegir hablar o callar, sobre cualquier tema y en cualquier momento.
12. Elegir aceptar o rechazar la retroalimentación, sugerencias o interpretaciones.
13. Pedir ayuda en tu proceso de sanación, sin tener que retribuir con trabajo, juego o amor.
14. Impedir que transgredan tus límites.
15. Tomar acción cuando tus límites son transgredidos a pesar de tu impedimento.
16. Pedir explicaciones cuando no entiendes algo.
17. Expresar una visión contraria cuando sí entiendes y estás en desacuerdo.
18. Reconocer tus sentimientos, sin tener que justificarlos.
19. Pedir cambios cuando tus necesidades no están siendo cubiertas.
20. Hablar de tu experiencia siendo respetada.
21. Resolver tus dudas pudiendo diferir de las visiones o deseos de los otros.
22. Contratar un terapeuta, consejero o guía (no un jefe) de tu recuperación.
23. Recibir ayuda confiable y de alguien con experiencia en tu proceso de sanación.
24. Asegurarte que tu terapeuta se negará a establecer otro tipo de relación contigo (de negocios o sexual).
25. Asegurarte la privacidad de cualquier revelación que le hayas hecho a tu terapeuta, a menos que esté sujeta a la ley.
26. Asegurarte la lealtad de tu terapeuta con respecto a tus agresores.
27. Recibir respuestas a tus preguntas acerca de tu condición, tus posibilidades de recuperación, tus metas, tu tratamiento y las cualificaciones de tu terapeuta.
28. Contar con el interés de tu terapeuta en cuanto a tu seguridad y con la disposición a utilizar todos los medios legales para neutralizar una amenaza a tu vida o a la de otra persona.
29. Que el compromiso de tu terapeuta no dependa de tu "buen comportamiento", a menos que exista una amenaza a la seguridad o estén involucradas actividades ilegales.
30. Conocer con certeza las horas de las sesiones y la disponibilidad de tu terapeuta, incluyendo, si así lo desearas, un compromiso a trabajar por un tiempo determinado.
31. Llamar a tu terapeuta entre las sesiones establecidas en caso de urgencia, y recibir una contestación dentro de un tiempo razonable.
32. Aprender habilidades que aminoren el riesgo de un nuevo trauma.
33. Contar con un espacio relativamente cómodo durante las sesiones

Leer más...

Por qué nos autodestruimos

Sin verdad, la libertad queda encarcelada
Monseñor Vitaliano Mattioli habla de su último libro.

Es la idea central que presenta en «Libertad encarcelada» («Libertà imprigionata») (ed. Segno, 2004), el último libro de monseñor Vitaliano Mattioli, profesor de la Pontificia Universidad Urbaniana y vicepresidente del Pontificio Instituto S. Apollinare.
(ZENIT.org)


¿Por qué ha elegido este título para su libro?
Hace algunos años que deseaba escribir algo sobre este argumento. Estoy notando una tendencia en las personas a hacer elecciones negativas que les encarcelan. Al considerar la libertad humana como «anarquía», la persona no se libera sino que se autoencadena: encarcela su libertad.
El hombre no es ya el «señor» de sí mismo sino que su concepción errada de la vida y de la existencia lo conduce a su destrucción. En la parte central del libro, analizo algunas de estas cadenas simbólicas que, al final, provienen todas de una postura no nueva que, de vez en cuando, reaparece a través de los siglos: plantear la vida como si Dios no existiera.
De aquí el subtítulo: «ensayo sobre la autodestrucción humana».

¿Cómo evitar esta catástrofe? En ese momento emerge la figura de Cristo, el único que es capaz de devolver al hombre su libertad originaria.
El Santo Padre en la «Veritatis Splendor» subraya que no existe libertad sin verdad. Afirmación que el Magisterio de la Iglesia repite continuamente.

¿Qué nos puede decir a este respecto?
El hombre ha roto el binomio «libertad/verdad». Ha querido ofuscar la verdad sobre Dios, no considerándolo ya el Creador y el origen de todo bien, el principio del ser y el dador de toda existencia. Al destituir un Dios trascendente, emerge el hombre prometeíco. He aquí otra verdad negada: la verdad sobre el hombre. Siendo criatura se siente creador. Al negar a un Dios creador, se ha puesto a fabricar al hombre; negado un Dios legislador, se ha convertido en su propia ley. De aquí el Estado ético.

Negando estas verdades, se ha abrogado también la libertad. No sólo desde el punto de vista individual sino también político: cuando una persona humana se pone en el pedestal, tras haber destronado a la divinidad, se considera dios, pero no un Dios Padre, sino un dios patrón, el dictador. Los derechos humanos ya no se tienen en cuenta; el hombre se reduce a vivir en una gran prisión. De esta manera, pierde también su libertad existencial.

Al abrogar a Dios, se considera absuelto y entonces se abandona a sus propias pasiones. Ya no actúa él mismo sino que son sus caprichos y sus apetencias malsanas quienes le dominan y controlan. Llegado a este punto, el hombre es capaz de realizar cualquier aberración.
El motivo por el que el Magisterio de la Iglesia insiste mucho en la defensa de este binomio no es sólo porque desea indicar una visión cristiana de la vida sino impedir al hombre, cualquier hombre, que se autodestruya.

La actual situación de Europa es un ejemplo de la contradicción entre verdad y libertad. En nombre de un mayor respeto al Estado laico y a la libertad religiosa, no se ha querido introducir la referencia a las raíces cristianas de Europa. ¿Qué piensa?
En mi libro, al hablar de una tercera cadena, la «mentalidad laicista», analizo la diferencia entre Estado laico y Estado laicista. Ya Pío XII no temía aceptar sin reservas «una sana laicidad del Estado». La laicidad acepta el pluralismo religioso y lo ve como un enriquecimiento.
El presidente del Senado italiano, Marcello Pera, en un discurso en Asís (15 octubre 2004) ha dicho que «la laicidad es un principio de autonomía, de tolerancia, de respeto ante confesiones, credos y filosofías».

En cambio es laicista el Estado que niega la realidad religiosa o considera que pertenece sólo a la esfera de la subjetividad. De aquí que la vida religiosa no tenga ciudadanía en el Estado laicista, que se transforma necesariamente en Estado ético. Europa querría considerarse laica aunque de hecho se está transformando en laicista. Este es el motivo por el que se ha obstinado en no reconocer en el preámbulo constitucional sus raíces cristianas.

Según Marcello Pera, «el laicismo es lo contrario: una ideología, a veces se convierte en una religión e incluso puede llegar a ser una religión ciega, obtusa, dogmática». «Quizá –añade–, esta religión laicista explica, más que todo el resto, el olvido de las raíces cristianas de Europa en el preámbulo del Tratado». Europa, sobre este punto, está empezando a ser de una intolerancia que preocupa.

En nombre de un concepto más libre de familia, se asiste a la voluntad de extender esta última también a las parejas homosexuales, permitiéndoles incluso la adopción de niños. ¿Cuál es su opinión?
Una premisa: absoluto respeto hacia las personas que se encuentran en estas situaciones. Una vez dicho esto, el reconocimiento de las parejas homosexuales es una de las consecuencias de haber elegido un Estado laicista.

Cuando la anarquía sustituye a la libertad (posibilidad de actuar en conformidad con la recta razón), todo es lícito. Yo soy ley para mí mismo y debo lograr que el Estado justifique, legislativamente, mis deseos.

Desde siempre, la familia ha sido considerada una unión entre una persona de sexo masculino y una de sexo femenino, reconocida por la sociedad. No se objeta sobre la opción individual de dos personas sino sobre la presión hacia las instituciones legislativas para hacer natural y, por tanto, legítima esta elección.

Todavía más si se trata de la adopción de niños por parte de estas parejas. Toda la psicología no hace otra cosa que confirmar la urgencia de la figura masculina y femenina en la educación del niño. Aquí, en cambio se trata de obligar al legislador en una dirección que va contra todos los sanos principios de la naturaleza y las conclusiones más obvias de la ciencia, en lo que se refiere al desarrollo equilibrado del ser humano.

También aquí prevalece el capricho: la satisfacción incondicionada de cualquier deseo, fruto del egoísmo y de la falta de búsqueda del bien del otro.
Leer más...

Límites que se ponen por amor


Los límites y cómo establecerlos
Autor: vidahumana.org

La manera de comenzar a establecer o reconstruir nuestros límites emocionales es prestarles atención a nuestros sentimientos de vergüenza



Los límites emocionales nos capacitan para protegernos y nos permiten conocernos mejor a nosotros mismos. Por lo tanto, nos ayudan a relacionarnos con los demás. El poner límites nos ayuda a asegurarnos de que nuestro comportamiento es apropiado e impide que ofendamos a los demás o seamos abusados. Si hemos establecido límites normales, nos damos cuenta cuando estamos siendo maltratados. La persona que no ha puesto límites no se da cuenta de que está siendo abusada física, emocional o intelectualmente. Lamentablemente, los codependientes y especialmente los hijos de alcohólicos adultos y las personas que están siendo abusadas, permanecen en relaciones abusivas porque no han establecido límites a su comportamiento o al de los demás. Para poder recuperarse y recobrar su identidad y su auto respeto, estas personas necesitan establecerlos.

Los padres deben de ayudar a sus hijos a aprender a establecer límites desde que son pequeños. La forma en que un niño aprende es diciendo que no a veces, lo cual le ayuda a establecer su identidad personal. Los padres normales comprenden que las necesidades y los sentimientos de sus hijos deben de ser respetados. Sin embargo, en las familias disfuncionales (como por ejemplo cuando hay adicción), la atención la recibe la persona enferma o adicta y sus hijos amoldan su comportamiento para complacer a esa persona o para evitar disgustarle. Cuando los niños se enfocan en sus padres, pasando por alto sus necesidades y sentimientos, no adquieren los recursos necesarios para poder reconocer sus propios sentimientos, saber lo que piensan, quienes son, o para aprender a comportarse en ciertas ocasiones. Esto es precisamente lo que hace que la persona no tenga o ponga límites y se convierta en una codependiente.

En muchos casos los hijos de los alcohólicos temen las consecuencias si se niegan a hacer algo que ellos consideran injusto o inapropiado. Debido a esto quizás jamás aprendan donde terminan sus límites y comienzan los de los demás.

Los padres y las madres no violan deliberadamente los límites de sus hijos; lo hacen porque no tienen un claro sentido de su propia identidad o no comprenden la importancia de enseñar a sus hijos a poner límites. Cuando nuestros límites emocionales son violados, nos sentimos devaluados como personas y no podemos aceptar o dar amor de una forma normal y adecuada. Construimos muros en lugar de límites, e inclusive rechazamos los halagos que nos hacen y dudamos de cualquier persona que esté tratando de acercarse a nosotros.

La manera de comenzar a establecer o reconstruir nuestros límites emocionales es prestarles atención a nuestros sentimientos de vergüenza. Si la sentimos con ciertas personas, nos debemos de preguntar si nuestros límites están siendo violados y examinar nuestros sentimientos para poder saberlo. Si nos damos cuenta de que alguien los ha violado, debemos de decirle a esa persona que no podemos relacionarnos con ella porque nos sentimos mal, aunque en ese momento todavía no sepamos el por qué.

Si los sentimientos de temor, ira o dolor nos agobian, debemos de buscar ayuda profesional. De ese modo conoceremos su origen y aprenderemos a establecer límites. Escribir en un diario por ejemplo, puede ayudar a las personas a conocerse mejor y saber lo que les gusta o disgusta y lo que desean llegar a ser.

A veces los límites espirituales han sido violados por padres que hacían afirmaciones a sus hijos tales como:

"Te vas a ir al infierno por pensar de esa manera."
"Dios te va a castigar por haber hecho eso."

Afirmaciones como estas ponen una idea errónea de Dios en la mente del niño, y le inspiran un temor que le impide crecer espiritualmente. Los padres son la imagen de Dios para sus hijos. Si los rechazan o los maltratan, les será muy difícil a estos creer que Dios es amoroso y bueno, puesto que aprendieron muy poco de sus padres sobre lo que es el amor, la bondad o el consuelo. El niño necesita todos estos para poder crecer y madurar normalmente.

Establecer o reparar los límites espirituales toma tiempo y paciencia, pero con la ayuda de Dios todo es posible. Recordemos siempre estas afirmaciones:

"Soy un hijo (o hija) amado(a) por Dios."
"Me está permitido equivocarme."
"Estoy protegido(a) y apoyado(a) por las amorosas manos de Dios."


Cuando comenzamos a establecer límites a veces encontramos oposición en los que están más cerca de nosotros, especialmente aquellos que violaron nuestros límites. Quizás hasta nuestra relación con ellos se deteriore temporalmente. Sin embargo, con el tiempo, según vayamos sanándonos, probablemente nuestras relaciones mejorarán.

Nadie más que nosotros mismos puede establecer los límites que necesitamos tener. El hacerlo quizás requiera ayuda o guía profesional; pero la responsabilidad total por hacerlo la tenemos cada uno de nosotros, individualmente.

Nota: Este escrito se basó en la información obtenida del folleto "Boundaries for Codependents" publicado por Hazelden, cuya autora es Rokelle Lerner. Ella es miembro de la Organización nacional de hijos adultos de alcohólicos y da conferencias internacionales sobre cómo ayudar a las familias en las cuales existe el alcoholismo.
Leer más...

Los jóvenes hoy sufren un engaño


El narcisismo de los jóvenes
Rebeca Reynaud
www.autorescatolicos.org/

Los adultos han hecho de todo para que no les falte nada a sus hijos, inducen a los jóvenes a que crean que tienen que satisfacer cada uno de sus deseos, confundiéndolos con la necesidad. ¿Es educativa esa manera de proceder?, ¿qué tipo de personalidad deseamos formar?



La mitología grecorromana cuenta que Narciso era un joven de gran belleza a quien todos admiraban. Pero él, lleno de vanidad y orgullo despreciaba y rechazaba a todos sus amantes. La ninfa Eco estaba perdidamente enamorada de él, y cuando Narciso la rechazó ella se consumió en su dolor hasta quedar transformada en una simple voz: en el eco.
Una de sus admiradoras rezó a los dioses para pedirles que se amara a sí mismo sin descanso. La diosa Némesis escuchó sus ruegos e hizo que Narciso se parase a beber en un manantial en la cima del monte Helicon. Cuando vio su propia imagen reflejada en el agua se enamoró al instante de ella, pero no podía abrazarla porque cada vez que lo intentaba la imagen se desvanecía con el movimiento ondulante de las aguas. Incapaz de dejar de contemplarse, se quedó allí hasta que murió de hambre. Pero no fue su cuerpo lo que permaneció, ya que en su lugar apareció una flor (narciso). El mito de Narciso se convirtió en una metáfora del amor desmesurado hacia uno mismo.
Un psiquiatra experto en los jóvenes de hoy, afirma que muchos son narcisistas. "La educación contemporánea produce sujetos demasiado apegados a las personas y a las cosas, por lo tanto, aunque lo niegue produce seres dependientes. Durante la infancia sus deseos y expectativas han sido de tal manera estimulados a costa de la realidad externa y de las exigencias objetivas, que terminan por creer que todo es maleable sólo en función de los propios intereses subjetivos. (…) Preocupándose justamente de la calidad de la relación con el niño, la educación se ha centrado demasiado en el bienestar afectivo, a veces a costa de la realidad, del saber, de los códices culturales y de los valores morales, sin ayudar a los jóvenes a edificarse interiormente. Por consiguiente, tienden más a una expansión narcisista que a un verdadero y auténtico desarrollo personal" (Tony Anatrella).

Anotamos algunas características de la persona narcisista:
• Adoran a la imagen sobrevalorada que tienen de sí mismos.

• Tienen una gran necesidad de sentirse aprobados y admirados por los demás.

• Piensan que deben sentirse queridos por ellas o ellos sin necesidad de corresponderles.

• El narcisista se cree enormemente importante.

• Envidian a los demás y creen que los otros son envidiosos también.

• Se siente ofendido con facilidad. No toleran que sus propuestas sean rechazadas.

• Fantasea con lograr éxito. Exageran sus éxitos.

• Debajo de ese enorme ego se esconde una persona con una autoestima muy baja sensación de poca valía personal e inmadurez emocional. En su lugar crea un ego grandioso para compensar.

• Las críticas echan abajo esta frágil construcción. Por eso reaccionan ante ellas con tanta rabia.

"La cultura occidental –afirma José Antonio Marina– puede contarse como la historia de un Yo que ha ido engordando".
Todos tenemos algún toque de narcisismo y necesitamos purificar nuestra personalidad, y cada uno ha de buscar el camino para hacerlo, para encontrar el sentido de su vida y para darse a los demás. Mejorar el propio carácter cuesta trabajo. Antes de decir: "no puedo" hay que intentarlo. Charles Dickens, escritor inglés, decía: "El hombre nunca sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta".
Somos como el oro que ha de pasar por el crisol, o al menos como la plata, que requiere ser refinada. Y viene a cuento una historia: Había un grupo de mujeres reunidas en su estudio bíblico semanal, y mientras leían el libro de Malaquías encontraron un versículo que dice: "Y Él se sentará como fundidor y purificador de plata", este verso les intrigó en gran manera acerca de qué podría significar esta afirmación con respecto al carácter y la naturaleza de Dios.
Una de ellas se ofreció a investigar el proceso de la purificación de la plata. Esa semana la dama llamó a un orfebre e hizo una cita para ver su trabajo. Ella no le mencionó detalles acerca de la verdadera razón de su visita, simplemente dijo que tenía curiosidad sobre la purificación de la plata.
Mientras observaba al orfebre sostener una pieza de plata sobre el fuego dejándolo calentar intensamente, él le explicaba que para refinar la plata, debía ser sostenida en medio del fuego donde las llamas arden con más fuerza, para así sacar las impurezas.
En ese momento ella imaginó a Dios sosteniéndonos en un lugar así de caliente. Entonces recordó una vez mas el versículo "Y Él se sentará como fundidor y purificador de plata". Le preguntó al platero si era cierto que él debía permanecer sentado frente al fuego durante todo el tiempo que la plata era refinada.
El hombre respondió:
—"Sí. No sólo debo estar aquí sentado sosteniendo la plata, también debo mantener mis ojos fijamente en ella durante el tiempo que está en el fuego, si la plata fuese dejada un instante más de lo necesario, sería destruida.
La mujer se mantuvo en silencio por un momento y luego preguntó:
—¿Cómo sabe cuando ya esta completamente refinada?
Él sonrió y le respondió:
—"Ah, muy simple: cuando puedo ver mi imagen reflejada en ella".
Si hoy sientes el calor del fuego, recuerda que Dios tiene sus ojos puestos en ti y continuará observándote, hasta que vea su imagen en ti. Ref. Malaquias 3,3. (Anónimo).
Leer más...

¿Cómo acercar a mi esposo e hijos a Dios?


¿Cómo enseñar a rezar a los hijos?
José A. Pagola
www.aciprensa.com

Porque, aunque se esté perdiendo la costumbre, es responsabilidad de los padres.

Hoy, en muchas de nuestras familias, ya no se reza. Y empiezan las justificaciones: nos da pena proponer a la familia; la oración parece algo forzado, artificial, no nos sale dentro; los hijos son demasiado pequeños o demasiado crecidos... Sin embargo, la oración en familia es hoy posible. El primer paso lo tiene quedar la pareja aprendiendo a orar ellos juntos. Una oración en pareja, sencilla, normal, sin demasiadas complicaciones, hace bien a la pareja creyente y es la base para asegurar la oración en los hijos.


Provocar el ambiente apropiado
La oración en familia pide un cierto clima. Algunas familias llegan a reservar en la casa un lugar o "rincón de oración" especialmente destinado para orar, como expresión de que se le deja a Dios un sitio en la casa. Es un rincón preparado con alguna Biblia, un Cirio, alguna planta, que se puede adornar de manera apropiado en algunos tiempos litúrgicos.
También se puede cuidar más lo que entra en el hogar (cierto tipo de revistas, videos, libros, cassettes, programas de TV). No es difícil hoy suscribirse alguna revista cristiana, comprar libros sanos y educativos para los hijos, Evangelios y Biblia para los niños, cassettes con grabaciones para orar, grabación del Rosario.
Se puede también introducir algún símbolo, imagen o signo religioso de buen gusto. Los lugares más apropiados son, sin duda, la sala de estar donde la familia se reúne para descansar, hablar o ver la tele, y las habitaciones de los hijos donde, entre otros pósters y objetos variados, pueden haber algunos te tipo religioso, algún recuerdo de la primera comunión o de la confirmación, los Evangelios, alguna imagen de Jesús.

Saber enseñarles
Antes que nada, es necesario que el niño vea rezar sus padres. Si ve a sus padres rezar sin prisas, quedarse en silencio, cerrar los ojos, ponerse de rodillas, desgranar las cuentas del Rosario, poner el Evangelio en el centro de la mesa después de haberlo leído despacio, el niño que capta y críticamente la importancia de estos momentos, percibe la presencia de Dios en el hogar como algo bueno, aprende un lenguaje religioso, palabras y signo que quieran grabados en su experiencia, aprende unas actitudes y se va despertando en el la sensibilidad religiosa.
Nada puede sustituir a esta experiencia. Pero, además, es necesario orar con los hijos. Los niños aprenden a orar rezando con su padres. Hay que hacerlo participar en la oración, que aprendan hacer los gestos, a repetir algunas fórmulas sencillas, algún canto, a estar en silencio hablando Dios. El niño ora como ve orar. Llegará un momento en el que el mismo podrá bendecir la mesa, iniciar una oración o leer el Evangelio con la mayor naturalidad. La oración queda grabada en su experiencia como algo bueno, que pertenece a la vida de la familia, como el reunirse, el hablar, el reír, el discutir o el divertirse.
Leer más...

Lucha por tu matrimonio


Los siete secretos de un amor para toda la vida
Autor: Carlota de Barcino
www.mujernueva.org

La vida matrimonial está llena de momentos para construirla con mayor solidez, a través de una amplia variedad de detalles y manifestaciones de amor.



Cuando Bartolomé habla de Maria Luisa, la más tierna de sus sonrisas ilumina su rostro. No hay mujer más elegante, atractiva, buena y hermosa que su esposa. Y no puede imaginar un viaje de negocios sin su compañía: ella es su mejor “relaciones públicas”, animada conversadora en cualquier idioma, sensible y delicada con los compañeros de trabajo de su marido, y con sus esposas. De hecho, no recuerda un solo viaje en que no hayan sido generosamente agasajados por sus anfitriones con una entrañable cena familiar.

Bartolomé refleja en su mirada que el matrimonio ha llenado su vida con todo lo que una persona podría desear. Se siente seguro, realizado, y es siempre un placer programar sus viajes y momentos a solas con su mujer.

Ella lo sabe todo sobre él; y él conoce hasta los más íntimos sentimientos de ella. De vez en cuando discuten, pero saben cómo reconciliarse. Es un ejercicio que sale casi de manera natural. En realidad, Maria Luisa y Bartolomé no están en su fase de “luna de miel”. Cuarenta años de matrimonio, cuatro hijos y cinco nietos no han hecho más que consolidar su amor. Se conocieron siendo muy jóvenes, y desde entonces están profundamente enamorados.

Está claro que Maria Luisa y Bartolomé, al igual que muchas parejas que conocemos, han logrado la felicidad en el matrimonio: su amor es para toda la vida. Han comprendido que una relación satisfactoria y duradera no sucede al azar, sino que la vida matrimonial está llena de momentos para construirla con mayor solidez, a través de una amplia variedad de detalles y manifestaciones de amor.

Los Secretos de un amor profundo, tierno y duradero

1. Busca siempre el segundo lugar
“Poner al otro por encima de uno mismo”. Muchos de los matrimonios que se rompen lo hacen por no vivir esta sencilla máxima. El egoísmo no funciona en un matrimonio. A menudo las parejas son más egoístas entre sí que con sus amigos. Se preocupan por estar al tanto de los éxitos y acontecimientos en la vida de sus amigos, por buscar áreas de interés común, y ceder para evitar romper una amistad. Y sin embargo, no ponen la misma energía cuando se trata de la relación con su esposo/a. 

Los mejores matrimonios son aquellos en los que rige el principio de dar en lugar de recibir, donde los esposos colocan las necesidades, aspiraciones, esperanzas y sueños de su pareja por delante de los propios. 

Si uno de los dos pone en práctica este principio con constancia, es altamente probable que el otro responda de manera recíproca y espontánea con el mismo amor, cariño, entrega y consideración.




2. Sé generoso en tus halagos
Al menos una vez al día, busca algo positivo que decir a tu esposo/a. Siempre puedes encontrar en la otra persona algo que sea noble, correcto, puro, amable, admirable, excelente o digno de ser alabado. Piensa en estas cosas, pon atención a lo largo del día. Para asegurar un amor para toda la vida, debes ser el “fan número uno” de tu esposo/a.

Samuel Johnson escribió en el s. XVIII: “El aplauso de un solo ser humano tiene grandes consecuencias en la vida de una persona”. El famoso psicólogo John Gottman, que estudió a 2.000 matrimonios, afirma que por cada comentario o acción negativa se precisan al menos cinco positivas que las puedan contrarrestar, para que el amor de la pareja se mantenga fresco. Gottman recomienda todos los piropos, sonrisas y manifestaciones de ternura posibles, al tiempo que advierte contra la crítica, el rencor y las actitudes defensivas.

Así pues, halaga a tu esposo/a por todo aquello que es admirable en él / ella. Si es honrado/a, dile cuánto te agrada que lo sea; si es fiel, explícale lo maravilloso que es poder contar siempre con él/ella; si es dependiente o inseguro/a, dile lo bien que te sientes pudiendo apoyarle y sintiendo cuánto cuenta tu opinión; y si está muy seguro/a de sí mismo/a, puedes expresar la seguridad que esa virtud te aporta también a ti.




3. En tiempos de crisis, sed uno solo


Nada une más a unos esposos que permanecer unidos en tiempos de crisis. El psicólogo Paul Pearsall, autor de “Laws of Lasting Love” describe cómo la fortaleza de su esposa, siempre a su lado durante el tiempo en que se enfrentó a un terrible cáncer, le ayudó a superar los fatalistas pronósticos de sus doctores. Pearsall relata cómo su mujer le agarró con fuerza y le llevó de un médico a otro hasta que dieron con uno que pudo salvar su vida: “éramos uno solo; nos movíamos a un tiempo, con la esperanza de encontrar un doctor que no confundiera el diagnóstico con un veredicto. Nunca habría podido caminar a mi curación por mí mismo”.

Otro caso muy conocido es el del actor Christopher Reeves. Una caída mientras cabalgaba produjo al protagonista de “Superman” una paraplejia irreversible. El libro escrito por su esposa, “Still Me”, ha batido record de ventas narrando cómo su matrimonio alcanzó plenitud a partir de ese momento. La fortaleza de esta mujer y su apoyo incondicional sostienen la voluntad de su marido por seguir viviendo. Y ambos han sido capaces de encontrar la felicidad permaneciendo unidos ante las dificultades más terribles. 




4. Pasad mucho tiempo juntos


Es un mito que las parejas felices tienen vidas, intereses y actividades independientes. Para escribir su libro “Lucky in Love: The Secrets of Happy Couples and How Their Marriages Thrive”, la psicóloga Catherine Johnson entrevistó matrimonios de todos los Estados Unidos que llevan casados entre 7 y 55 años. Más de la mitad describieron su matrimonio como “muy feliz”. 

Johnson se dio cuenta de que una característica común a todas las parejas felices era que pasaban bastante tiempo juntos, a pesar de no compartir los mismos intereses. En su opinión, la idea de que “es esencial mantener identidades separadas” es errónea. Estas parejas supieron encontrar una “identidad compartida”. A lo largo del tiempo, habían dejado de sentirse “individuos” y se sentían “casados” en lo más profundo de su corazón. Si este proceso no se da, el matrimonio tendrá problemas.




5. Cree siempre lo mejor, y no lo peor, de tu esposo/a


Seguramente habrán oído en alguna celebración religiosa del matrimonio, la famosa lectura que termina con la frase: “El amor todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. 

Éstas son las pautas para creer siempre lo mejor del otro. 

Lamentablemente, muchas parejas despojan a su relación de toda alegría, esperanza y amor, simplemente porque olvidan los aspectos positivos de su pareja y ven sólo lo negativo. Y esto tiene terribles consecuencias en el matrimonio. 

El escritor John Powell indica acertadamente: “Son las actitudes las que hacen que una misma experiencia sea agradable o dolorosa”. En el matrimonio también sucede así: es necesario mantener una actitud positiva hacia la pareja, educando los ojos y la mente para encontrar lo positivo que tiene incluso el rasgo que menos agradable nos resulta:

Si crees que tu esposa es “chismosa”, dale a ese rasgo la característica de una cualidad: es sociable, abierta y expresiva, y sus comentarios nunca son hirientes.

Si sientes que tu esposo habla demasiado, trata de ver que podría ser introvertido, huraño y difícil de trato. Y de esta manera, siempre sabes cómo piensa y se siente.

Si crees que tu pareja es demasiado “seria y aburrida”, trata de agradecer que siempre dará a las cosas el peso y la importancia que merecen, que ponderará lo que dice y hace, evitando malos entendidos y discusiones impulsivas. 

Si te parece que el otro es “demasiado débil y no sabe decir que no”, valora su buen carácter, su amabilidad, su capacidad de comprender y ayudar a los demás.

En lugar de calificar a tu esposo como “demasiado estricto”, seguro que puedes describirlo también como disciplinado, maduro, reflexivo y fiel a sus principios.

Además de “excesivamente extrovertida”, es muy probable que tu mujer sea a la vez vitalista, positiva, entusiasta y alegre.




6. Expresa tu amor frecuentemente y con creatividad


“Hola, cariño. Sólo te escribo esta notita para que sepas cuánto te quiero y te echo de menos. ¡Date prisa en volver junto a mí!”. 
Jennifer sonríe cada vez que lee ese papelito doblado que ha guardado durante meses en su bolso. Durante sus siete años de matrimonio, se ha visto obligada a viajar mucho por su trabajo en una empresa consultora. Cuando llega a un hotel, se siente sola y desanimada. Pero William lo sabe y ha logrado suavizar esos sentimientos mostrándole su amor de mil maneras distintas. Ella sonríe y se ilumina su expresión cuando recuerda los divertidos detalles de su marido: cartas escondidas en su maleta, postales, poesías, regalitos, fotos y hasta galletas, su chocolate favorito o unos caramelos... “Me siento como en casa cuando descubro sus detalles: todo me recuerda cuánto me ama, y me ayuda a seguir adelante a pesar de echarle tanto de menos”. 

Piensa tú también en qué forma especial e inesperada puedes sorprender a tu esposo/a, recordándole que es lo más importante de tu vida.




7. Haz de vuestro matrimonio tu prioridad


La psicóloga Judith Wallerstein, en un estudio sobre 50 matrimonios felices, destaca que todos ellos declararon que construir un matrimonio sólido y duradero había sido el compromiso más importante de toda su vida de adultos. Es un gran consejo para asegurar un amor para toda la vida.



Decálogo del Matrimonio Feliz

• Nunca estéis enfadados los dos a la vez.
• No os gritéis jamás, a no ser que la casa se incendie.
• Si uno de los dos debe ganar una discusión, deja que sea el otro.
• Si tienes que criticar, hazlo con amor y delicadeza.
• Nunca menciones errores del pasado.
• Olvídate del mundo entero antes que de tu pareja.
• Nunca os vayáis a dormir sin haber hecho las paces por una discusión.
• Al menos una vez al día, hazle un comentario amable o ten un gesto de amor.
• Cuando te hayas equivocado, admítelo y pide perdón. Si se equivoca, perdónale.
• Se necesitan dos para una pelea, y quien no tiene la razón es normalmente el que más habla.
Leer más...

Como tratar a un hijo rebelde


"¡Quiero esto y lo quiero ahora!": por qué se convierten en pequeños tiranos

Descubrimos cuáles son las tres fases para criar niños déspotas y los cinco límites para evitarlo.

Carlota Falcó Vich
ForumLibertas.com



Los niños y los jóvenes siempre han tenido conductas rebeldes propias de su edad. Pero últimamente, las noticias de sucesos han alcanzado un protagonismo alarmante. Muchos padres han pasado a ser las víctimas de las conductas agresivas de sus hijos.
En un artículo de la revista XarxaFarma, Laura García Agustín, psicóloga directora del Centro Psicológico Clavesalud de Madrid nos explica cuáles son las conductas más indicativas que llevan a un niño a convertirse en un tirano. Por otro lado, nos desvela cuáles podrían ser las soluciones para evitarlo.
Volviendo a los sucesos que ocurren hoy en día, los datos extraídos en las Jornadas sobre violencia interfamiliar nos indican que las denuncias impuestas por padres, supuestamente agredidos por sus hijos, se han multiplicado por tres en los últimos años en la Comunidad Valenciana y por ocho, en los últimos cuatro años en Cataluña y en el País Vasco.
Asimismo, los casos de bullying en las escuelas son cada vez más frecuentes y todo nos hace apuntar a que cabría preguntarse qué está pasando alguna cosa con nuestros jóvenes.
La voz de los expertos
La mayoría de expertos en el tema coinciden en la idea de que los factores desencadenantes de esta situación son: la educación hedonista, la falta de tiempo compartido con los padres, la influencia de los medios de comunicación y sobretodo, la falta de límites ante los intereses personales de los jóvenes.
“Es obvio que se ha pasado de una situación de respeto, casi de miedo, hacia el padre o la autoridad a una falta de límites en la cual los jóvenes quieren imponer su ley de exigencia”, explica Javier Urra en su libro El pequeño dictador. Cuando los padres son las víctimas.
La psicóloga Laura García divide en tres fases las conductas que indican el desarrollo de un niño que puede llegar a convertirse en un agresor.




1. La cultura de la inmediatez
La primera de ellas es: el niño caprichoso. Se convierte en amo de su casa en el sentido de que o se hace lo que él quiere, o su conducta cambia y la convivencia se convierte en algo muy difícil de llevar. La casa se convierte en un autentico campo de batalla.

 Son niños caprichosos, con una autoestima exagerada y un ego colosal como resultado de una sobreprotección excesiva y perniciosa de sus padres. Lo que quieren, lo quieren al momento y no admiten un ‘no’ como respuesta. Han aprendido a chantajear para conseguir aquello que quieren, incluso a exigir y a amenazar. Son niños fruto de la cultura de la inmediatez que no han podido aprender el valor de las cosas. 



2. Yo, soy el rey
La segunda fase la denominan síndrome del emperador. Según el profesor de la Universidad de Valencia, Vicente Garrido, esta fase se caracteriza por una violencia persistente y global y de carácter evolutivo. 

 El experto explica que esta conducta suele empezar con el abandono del esfuerzo para los estudios, sigue con amenazas a los padres y pasa a los abusos psicológicos. Alerta también que en algunos casos puede llegar a las agresiones físicas. 

 Este síndrome está caracterizado por factores como el poco miedo a ser castigados o la insensibilidad emocional, factor en que la educación ejerce un papel fundamental. “Cuanto más insensible sea el menor, menos efectiva será su educación”, dice Garrido.

 Es muy importante hacer un esfuerzo para identificar a los jóvenes violentos y ayudar a los padres en su educación antes de que sea demasiado tarde, concluye el experto.



3. La dictadura agresiva

Con la tercera fase llega el grado máximo de ‘capricho tiránico’. La agresión a los padres es una situación que cada vez se ve más en los juzgados. La situación empieza con insultos, gritos, chantajes emocionales y amenazas y en el peor de los casos, llegan las agresiones físicas.

 “Es un error”, explica Urra, justificar su conducta por su fuerte carácter o porque aguanta mucha presión en la escuela. 

 Los padres inmaduros, con miedo y fácilmente manipulables sienten vergüenza hacia los demás y no cuentan su situación. “Ven a su hijo como una pesadilla”, dice Javier Urra. 

 Las presiones pueden llegar en edades muy tempranas, a veces a los 8 u 9 años, pero es más adelante cuando el hijo puede convertirse en un dictador. 

 El estudio de la violencia de los jóvenes en la familia: una aproximación a los menores denunciados por su padres constata que el 14% de los casos denunciados por violencia doméstica están protagonizados por menores.

 Para los especialistas en esta materia la mejor prevención para todas estas actitudes es la de establecer limitaciones con eficacia.




La prevención de una pesadilla tiene cinco soluciones

1. Coger las riendas: los padres han de educar y han de actuar como modelos competentes para sus hijos. Su trabajo es establecer los límites y las normas y hacer que se cumplan, enseñarles los valores adecuados, la disciplina y el valor del esfuerzo. Hay que acostumbrarles a la espera, no hay que acudir inmediatamente cuando ellos lo digan, así aprenderán también a poner sus propias soluciones ante los problemas.

2. Pautas y órdenes claras: para que una orden o instrucción sea eficaz tiene que seguir una serie de pautas. La orden hay que decirla una sola vez, especificando la conducta que se quiere de manera clara. Tiene que hacerse en el momento óptimo y tiene que ir acorde con la edad del niño, sin amenazas pero con mano dura. Es muy importante, comenta Javier Urra, establecer las consecuencias para una posible desobediencia.

3. Restituir el papel del ‘no’: en los últimos años, muchas teorías insisten sobre la cantidad inmensa de negaciones que puede tener una criatura desde pequeña, y cómo esto se refleja en inseguridad y desconfianza cuando es mayor. Pero también se pasa muchas veces de la negociación a la aprobación total. “Hay muchas situaciones en las que hace falta decir ‘no’ simplemente porque la necesidad de otro es más importante”, dice Betsy Hart, experta en educación infantil en su libro Sin miedo a educar.

4. Mantenerse fuerte delante de los enfados: según un estudio realizado en la Universidad de Pensilvana, Estados Unidos, los niños que presentan una tendencia más importante a los enfados temperamentales tienen más posibilidades de sufrir problemas emocionales cuando crecen. Los resultados reflejaban que estos niños presentan unos niveles más bajos de satisfacción vital, felicidad y autoestima en su vida adulta. Además, tienen menos comunicación con sus familiares, relaciones más pobres con sus padres y, en general, dificultad para intimar con los demás.

5. Mostrarse seguros: “la respuesta del niño es directamente proporcional a la seguridad más o menos grande con la que se muestran sus padres delante de él”, señala Javier Urra. Los niños tienen una especie de radar para identificar el estado emocional de los padres y según esto, actuaran con mayor o menor insistencia para conseguir lo que se plantean. Por eso es tan importante mostrarse seguros ante los hijos, porque así, verán que no tienen nada que hacer.
Los niños tiranos no nacen, se hacen. Por eso es tan importante plantearse cómo será su educación “antes de que el niño nazca”, concluye Javier Urra. Sólo así sabrán cómo actuar y afrontar los problemas ante las situaciones adversas que se les presenten.
Leer más...

Los demonios de la ira


El control de la ira
Alfoso Aguiló

Cuando alguien recibe un agravio, o algo que le parece un agravio, si es persona poco capaz de controlarse, es fácil que eso le parezca cada vez más ofensivo, porque su memoria y su imaginación avivan dentro de él un gran fuego gracias a que da vueltas y más vueltas a lo que ha sucedido.



La pasión de la ira tiene una enorme fuerza destructora. La ira es causa de muchas tragedias irreparables. Son muchas las personas que por un instante de cólera han arruinado un proyecto, una amistad, una familia. Por eso conviene que antes de que el incendio tome cuerpo, extingamos las brasas de la irritación sin dar tiempo a que se propague el fuego.

La ira es como un animal impetuoso que hemos de tener bien asido de las bridas. Si cada uno recordamos alguna ocasión en que, sintiendo un impulso de cólera, nos hayamos refrenado, y otro momento en que nos hayamos dejado arrastrar por ella, comparando ambos episodios podremos fácilmente sacar conclusiones interesantes. Basta pensar en cómo nos hemos sentido después de haber dominado la ira y cómo nos hemos sentido si nos ha dominado ella. Cuando sucede esto último, experimentamos enseguida pesadumbre y vergüenza, aunque nadie nos dirija ningún reproche.

Basta contemplar serenamente en otros un arrebato de ira para captar un poco de la torpeza que supone. Una persona dominada por el enfado está como obcecada y ebria por el furor. Cuando la ira revuelve y agita a un hombre, es difícil que sus actos estén previamente orientados por la razón. Y cuando esa persona vuelve en sí, se atormenta de nuevo recordando lo que hizo, el daño que produjo, el espectáculo que dio. Piensa en quiénes estuvieron presentes, en esas personas en cuya presencia entonces quizá no reparaba, pero que ahora le inquieta recordar. Y tanto si eran gente amiga o menos amiga, se siente ante ellos profundamente avergonzado.


La ira suele tener como desencadenante una frustración provocada por el bloqueo de deseos o expectativas, que son defraudados por la acción de otra persona, cuya actitud percibimos como agresiva. Es cierto que podemos irritarnos por cualquier cosa, pero la verdadera ira se siente ante acciones en las que apreciamos una hostilidad voluntaria de otra persona.

Como ha señalado José Antonio Marina, el estado físico y afectivo en que nos encontremos influye en esto de forma importante. Es bien conocido cómo el alcohol predispone a la furia, igual que el cansancio, o cualquier tipo de excitación. También los ruidos fuertes o continuos, la prisa, las situaciones muy repetitivas, pueden producir enfado, ira o furia. En casos de furia por acumulación de diversos sumandos, uno puede estar furioso y no saber bien por qué.


¿Y por qué unas personas son tan sociables, y ríen y bromean, y otras son malhumoradas, hurañas y tristes; y unas son irritables, violentas e iracundas, mientras que otras son indolentes, irresolutas y apocadas? Sin duda hay razones biológicas, pero que han sido completadas, aumentadas o amortiguadas por la educación y el aprendizaje personal: también la ira o la calma se aprenden.

Muchas personas mantienen una conducta o una actitud agresiva porque les parece encontrar en ella una fuente de orgullo personal. En las culturas agresivas, los individuos suelen estar orgullosos de sus estallidos de violencia, pues piensan que les proporcionan autoridad y reconocimiento. Es una lástima que en algunos ambientes se valoren tanto esos modelos agresivos, que confunden la capacidad para superar obstáculos con la absurda necesidad de maltratar a los demás.

Las conductas agresivas se aprenden a veces por recompensa. Lamentablemente, en muchos casos sucede que las conductas agresivas resultan premiadas. Por ejemplo, un niño advierte enseguida si llorar, patalear o enfadarse son medios eficaces para conseguir lo que se propone; y si eso se repite de modo habitual, es indudable que para esa chica o ese chico será realmente difícil el aprendizaje del dominio de la ira, y que, educándole así, se le hace un daño grande.
Leer más...