AMS del abismo a la gloria

Atención a individuos que experimentan atracción por el mismo sexo

Es muy importante que cada católico que sienta atracción por el mismo sexo, sepa que hay esperanza, y que puede encontrar ayuda. Desgraciadamente esta ayuda no es fácil de encontrar en todas partes. Grupos de apoyo, terapeutas y directores espirituales que apoyen sin vacilaciones la enseñanza de la Iglesia son componentes esenciales de la ayuda que es necesaria. Puesto que las nociones sobre sexualidad en nuestro país son tan variadas, los pacientes que soliciten ayuda tienen que tener mucho cuidado que el grupo, o el consejero apoye los imperativos morales de la Iglesia Católica. Uno de los grupos Católicos de apoyo mejor conocidos es una organización llamada Courage (Coraje, vease el apéndice) y la organización afiliada, Estímulo (Hay un juego de palabras, ´Courage´ y "Encourage´) Si bien cualquier intento de enseñar lo pecaminoso que es la conducta homosexual ilícita puede ser recibida con acusaciones de ´homofobia´, la realidad es que Cristo llama a todos a la castidad, de acuerdo a la condición de vida de cada uno. El deseo de la Iglesia de ayudar a todo el mundo a vivir castamente no es una condenación de aquellos que encuentra la castidad difícil, sino más bien la respuesta llena de compasión de una Iglesia que trata de imitar a Cristo, el Buen Pastor.



Es esencial que todo Católico que sienta atracción por el mismo sexo encuentre acceso fácil a grupos de apoyo, terapeutas y Directores espirituales que apoyen en forma inequívoca las enseñanzas de la Iglesia y estén preparados para ofrecer ayuda de la más alta calidad. En muchas partes los únicos grupos de apoyo están dirigidos por Evangélicos o por gente que rechaza las enseñanzas de la Iglesia. El que la comunidad Católica no proporcione ayuda para las necesidades de esta población es un defecto grave, que no debe permitirse que continúe. Es especialmente trágico que Courage, que bajo la dirección del Fr. John Harvey ha desarrollado una red auténticamente Católica y excelente de grupos de apoyo, no esté disponible en todas las diocesis y ciudades importantes.

Informes anecdóticos de individuos u organizaciones, bajo auspicios Católicos o directamente asociada con la Iglesia Católica, que aconsejan a personas con atracción por el mismo sexo que practiquen fidelidad en sus relaciones con personas del mismo sexo, en lugar de la castidad de acuerdo a su situación en la vida, debieran causar preocupación Es muy importante que los consejeros relacionados con la Iglesia, o los grupos de apoyo, tengan muy en claro la naturaleza y origen de la atracción por el mismo sexo. Esta condición no es genética o determinada biológicamente. Esta condición no es inmutable. Es un engaño el aconsejar a individuos que experimentan atracción por el mismo sexo que sea aceptable hacer vida sexual siempre que los actos sexuales se desarrollen dentro del contexto de una relación fiel. Las enseñanzas de la Iglesia Católica sobre moral sexual son claras en forma explícita y no admiten excepciones. Los Católicos tienen derecho a saber la verdad y los que trabajan con o para instituciones Católicas tienen la obligación de presentar claramente tal verdad.

Algunos clérigos, tal vez porque creen, erróneamente, que la atracción por personas del mismo sexo es genética e inmutable, han estimulado a individuos que experimentan atracción por el mismo sexo que se identifiquen con la comunidad homosexual, proclamando públicamente el ser ´gay´ o lesbiana, pero vivir la castidad en su vida personal. Hay varias razones por la cuales es este una conducta equivocada:

Se basa en una idea errónea que la atracción por el mismo sexo es un aspecto inmutable del individuo y decorazona a las personas de buscar ayuda;

La comunidad ´gay´ promueve una ética de conducta sexual que es antitética a las enseñanzas de la Iglesia Católica sobre sexualidad, y no oculta su deseo de eliminar la ´erotofobia´ y el ´heterosexualismo´. Sencillamente, no hay manera que se puedan reconciliar las posiciones de los personeros de la comunidad ´gay´ con las de la Iglesia Católica;

Coloca a personas que son fáciles de tentar en lugares que deben ser considerados como ocasión próxima de pecado;

Crea una falsa esperanza de que la Iglesia pueda cambiar eventualmente su enseñanza de moral sexual.

Los católicos tienen que tratar de ayudar a personas que experimentan atracción por el mismo sexo, a aquellos que están activamente envueltos en actos homosexuales, y particularmente a aquellos que están afectados por enfermedades de transmisión sexual, con amor, esperanza y un mensaje auténtico, y sin compromisos, de liberación del pecado por Jesucristo.


El papel del Sacerdote

Es de importancia primordial que los sacerdotes, cuando encuentren feligreses con problemas de atracción por el mismo sexo, que tengan acceso a información sólida y a recursos auténticamente beneficiosos. El sacerdote, sin embargo, tienen que hacer algo más que simplemente referirlo a otras agencias (Véase Courage y Encourage en el apéndice). El está en una posición única para proporcionar ayuda espiritual específica a aquellos que experimentan atracción por el mismo sexo. Debe, por supuesto, ser muy delicado con los sentimientos muy intensos de inseguridad, culpa, vergüenza, rabia, frustración, depresión y aún temor en esos individuos. Pero esto no significa que no deba hablar claramente sobre las enseñanzas de la Iglesia (Véase CIC n.2357-2359), la necesidad de perdón y curación en la Confesión, la necesidad de evitar las ocasiones de pecado, y la necesidad de una vida de oración viva. Un número de terapeutas creen que la fe religiosa juega un papel esencial en la recuperación de la atracción por personas del mismo sexo y la adicción sexual.

Cuando un individuo confiesa atracción por el mismo sexo, fantasías o actos homosexuales, el sacerdote debiera saber que ellos son frecuentemente manifestaciones de traumatismos de la infancia o adolescencia, abuso sexual en la niñez, o necesidades infantiles no satisfechas de amor y afirmación, de parte del padre del mismo sexo. A menos que estos problemas subyacentes sean resueltos, el individuo puede encontrar que vuelven las tentaciones, lo que puede hacerlo caer en la desesperación. Aquellos que rechazan las enseñanzas de la Iglesia y estimulan a las personas con atracción por el mismo sexo, a que entren en las así llamadas "uniones homosexuales amorosas estables" no comprenden que tales arreglos no pueden resolver los problemas subyacentes. Al mismo tiempo que se estimule la terapia y el ingreso a los grupos de apoyo, el sacerdote debiera recordar que a través de los sacramentos, puede ayudar a los penitentes no sólo a resolver el pecado, sino también las causas de la atracción por el mismo sexo.

La lista siguiente, si bien no es exhaustiva, ilustra algunas de las maneras cómo puede el sacerdote ayudar a los individuos que con estos problemas, se acercan al Sacramento de Reconciliación:

a) Las personas que experimentan atracción por el mismo sexo, o se confiesan de pecados en esta área, casi siempre tienen una carga de profundo dolor emocional, pena y resentimiento contra aquellos que los han rechazado, descuidado o herido, incluyendo sus padres, sus iguales y los que los hayan molestado sexualmente. Ayudándolos a perdonar puede ser el primer paso hacia la curación. (Fitzgibbons 1999-103)

b) Individuos que experimentan atracción por los del mismo sexo a menudo cuentan una larga historia de experiencias sexuales tempranas, y traumatismos sexuales. (Doll 1992-104) Es más probable que personas homosexuales activas se hayan visto envueltas en formas extremas de actividad sexual con otra persona a edad muy temprana. (S ephan 1973-105; Bell 1981-106) Muchos no le han contado a nadie sobre estas experiencias (Johnson 1985-107) y llevan encima tremendo sentimiento de culpa y vergüenza. En algunos casos, aquellos que fueron abusados sexualmente se sienten culpables porque reaccionaron al trauma con comportamiento sexual. El sacerdote puede preguntar delicadamente sobre experiencias tempranas, asegurándoles que sus pecados son perdonados, y ayudándolos a encontrar liberación al perdonar a los otros.

Individuos envueltos en actividad homosexual pueden sufrir también de adicción sexual (Saghir 1973-108; Beitchman 1991-109; Goode 1977-110). Aquellos que se envuelven en actividad homosexual se han envuelto también en formas extremas de conducta sexual o han recibido dinero por sexo. (Saghir 1973-111) La adicción no es fácil de superar, recurrir frecuentemente a la confesión puede ser el primer paso hacia la liberación. El sacerdote debiera recordar al penitente que aún los casos más extremos de pecados en esta área pueden ser perdonados, alentándolos a resistir la desesperación y a perseverar, y al mismo tiempo sugerir algún grupo de apoyo que sirva para controlar la adicción.

Personas con atracción por el propio sexo con frecuencia abusan de alcohol, y de drogas legales e ilegales. (Fifield 1977-112; Saghir 1973-113) Tal abuso puede debilitar la resistencia a las tentaciones sexuales. El sacerdote puede recomendar ingresar a un grupo de apoyo que se preocupe de tales problemas.

Pensamientos de desesperación y de suicidio son también frecuentes en la vida de individuos afectados por atracción por el mismo sexo. (Beitchman 1991-114; Herrell 1999; Fergusson 1999) El sacerdote puede asegurar al penitente que hay muchas razones para esperar que la situación va a cambiar y que Dios los ama y quiere que vivan una vida plena y feliz. Nuevamente, perdonar a los demás puede ayudar mucho.

Personas que experimentan atracción por el mismo sexo pueden sufrir de problemas espirituales tales como envidia (Hurst 1980) o autocompasión. (Van den Aardweg 1969) Es importante que el individuo que experimenta atracción por el mismo sexo, no sea tratado como si las tentaciones sexuales fueran su único problema.

La inmensa mayoría de hombres y mujeres que experimentan atracción por el mismo sexo reportan una pobre relación con sus padres (véanse las notas 17 a 23) El sacerdote, como figura paterna que los quiere y los acepta, puede a través de los sacramentos comenzar la labor de reparar el daño y facilitar una relación curativa con Dios Padre. El sacerdote puede también estimular la devoción a San José.

El sacerdote necesita estar al tanto de la profundidad de la curación que necesitan estas personas que tienen un conflicto muy serio. Tiene que ser una fuente de esperanza para los que desesperan, perdón para los que yerran, fortaleza para los débiles, ánimo para los pusilánimes, a veces una figura de padre amante, para los heridos. En suma, debe ser Jesús para estos hijos amados de Dios que se encuentran en una situación muy difícil. Debe ser pastoralmente sensible, pero también pastoralmente firme, imitando como siempre a un Jesús compasivo que curaba y perdonaba setenta veces siete veces, pero que siempre recordaba, "Vete y no vuelvas a cometer este pecado".


Profesionales médicos católicos

Los pediatras necesitan conocer los síntomas de la Desordenada Identidad de Género (GID- Gender Identity Disorder) y de la antimasculinidad juvenil crónica. Dada la identificación y la intervención tempranas, hay buenas razones para esperar que el problema pueda ser resuelto en forma satisfactoria. (Zucker 1995-115; Newman 1976-116) Mientras que la razón principal para tratar a niños es para aliviar su infelicidad presente (Newman 1976-117; Bradley 1998-118; Bates 1974-119), el tratamiento de la Desordenada Identidad de Género y de la antimasculinidad crónica juvenil puede prevenir el desarrollo de la atracción sexual por el mismo sexo y los problemas asociados con la actividad homosexual en la adolescencia y la edad adulta.

La mayoría de los padres no quieren que su hijo se envuelva en conducta homosexual, pero los padres de niños al riesgo suelen resistir el tratamiento. (Zucker 1995; Newman 1976-120) Si se les informa que el 75% de los niños que muestran síntomas de Desiordenada Identidad de Género y de antimasculinidad juvenil crónica, van, en la ausencia de intervención, a experimentar atracción por su mismo sexo (Bradley 1998) y haciéndoles ver los riesgos asociados con la actividad homosexual (Garafalo 1998-121; Osmond 1994-122; Stall1988b-123; Rotello 1997; Signorille 1997-124) puede ayudar a sobreponerse a su oposición al tratamiento. La cooperación de los padres es extraordinariamente importante para que la intervención temprana pueda tener éxito.

Los pediatras debieran estar familiarizados con la literatura sobre tratamiento. George Rekers ha escrito un número de libros al respecto. (Rekers 1988-125) Zucker y Bradley tienen una revisión extensa de la literatura en su libro Gender Identity Disorder and Psychosexual Problems in Children and Adolescents, (1995) además de numerosos historias de casos y recomendaciones de tratamiento.

Los médicos que encuentren pacientes con enfermedades de transmisión sexual adquiridas por actividad homosexual pueden informar al paciente de que hay terapia disponible psicológica y de grupos de apoyo, y que aproximadamente el 30% de pacientes motivados pueden lograr cambiar su orientación. Y en términos de prevención de enfermedades, otros 30% son capaces de mantenerse célibos o eliminar las actividades de alto riesgo. Debieran también preguntar a estos pacientes por abuso de drogas y alcohol, y recomendar tratamiento cuando sea adecuado, puesto que un número de estudios han correlacionados infecciones con ETS a abuso de drogas. (Mulry 1994-126)

Aún antes del comienzo de la epidemia de SIDA un estudio de hombres que tienen relaciones con hombres encontró que el 63% habían contraído enfermedades de transmisión sexual por la actividad homosexual. (Bell1978-127) A pesar de toda la educación del SIDA, los epidemiólogos predicen que hasta donde podamos ver el futuro, el 50% de los hombres que tengan relaciones con hombres se harán positivos para el VIH. (Hoover 1991; Morris 1994; Rotello 1997-128) Están también expuestos al riesgo de sífilis, gonorrea, hepatitis A,B o C, Virus de Papiloma y un número de otras enfermedades.

Los profesionales de la salud mental debieran familiarizarse con los trabajos de los terapeutas que hayan tratado con éxito a personas que experimenten atracción por el mismo sexo. Debido a que la atracción por el mismo sexo no se debe a una sola causa, distintos individuos pueden necesitar distintas modalidades de tratamiento. Combinando la terapia con participación en un grupo de apoyo y curación espiritual es también una posibilidad que debiera ser considerada.


Profesores en instituciones católicas

Profesores en instituciones Católicas tienen la obligación de defender las enseñanzas de la Iglesia en materias de moral sexual, para contrarrestar la falsa información sobre la atracción por el mismo sexo, y para informar a los adolescentes expuestos al riesgo o envueltos en homosexualidad, que se puede encontrar ayuda. Debieran continuar resistiendo la presión de incluír la educación sobre condones en el currículo para acomodar a los adolescentes homosexualmente activos. Numerosos estudios han encontrado que tal educación es ineficaz para prevenir la transmisión de enfermedades en la población expuesta. (Stall 1988a-129; Calabrese 1987-130; Hoover 1991-131)

Los activistas de derechos de los ´gay´ han insistido que adolescentes al riesgo deben ser puestos en contacto con grupos de apoyo que los ayudarán a ´salir del closet´. No hay ninguna evidencia de que el participar en tales grupos sirva para prevenir las consecuencias negativas a largo plazo asociadas con la actividad homosexual. Tales grupos no estimularán nunca a los adolescentes a evitar el pecado y vivir castamente de acuerdo con su estado en la vida. Los síntomas de Desordenada Identidad de Género y antimasculinidad juvenil crónica en niños hombres debieran ser tomados en serio. Niños expuestos al riesgo, necesitan cuidados especiales, y más aún aquellos que hayan sido víctimas de abuso sexual cuando chicos.

Los educacores también tienen obligación de dejar de embromar y poner en ridículo a niños que no se ajustan a las normas de género. Recursos para educar a los profesores, planes de lecciones y estrategias para combatir las bromas, tienen que crearse y que ser proporcionadas a los profesores en las escuelas Católicas, programas de educación religiosa parroquial (CCD) y en otras instituciones.


Familias católicas

Cuando los padres Católicos descubren que su hijo o su hija esté experimentando attracción por el mismo sexo o estén envueltos en una actividad homosexual, quedan con frecuencia abrumados. Temiendo por la salud del niño, su felicidad y su salvación, los padres con frecuencia se encuentran aliviados cuando se les informa que la atracción por elmismo sexo puede ser tratada y prevenida. Pueden encontrar apoyo de parte de otros padres en Encourage. Y también necesitan ser capaces de compartir su carga con sus amigos cercanos y con la familia.

Los padres debieran ser informados de los síntomas de Desordenada Identidad de Género y de la prevención de problemas de identidad de género, y estimulados a tomar tales síntomas en serio y referir los niños con problemas de identidad de género a profesionales de la salud mental competentes y de moral adecuada.


La Comunidad Católica

Hubo un tiempo, no hace muchos años, cuando el embarazo extramatrimonial y el aborto eran tópicos tabú, y las actitudes hacia las mujeres envueltas eran prejuiciadas y crueles. La legalización del aborto ha forzado a la Iglesia a afrontar este tema y proporcionar un ministerio activo a mujeres que se encuentran con un embarazo ´no deseado´ y también a las mujeres que sufran de traumatismo post-aborto. En pocos años la actitud de diócesis, parroquias individuales y los fieles Católicos se ha visto transformada, y hoy la caridad Cristiana es la norma y no la excepción. De la misma manera tienen que transformarse las actitudes con respecto la atracción por el mismo sexo, siempre que cada institución Católica haga lo que le corresponde.

Aquellos que experimentan atracción por el mismo sexo, aquellos que estén envueltos en conducta homosexual, y sus familias, con frecuencia sienten que están siendo excluídos de la preocupación caritativa de la comunidad Católica. Ofrecer oraciones por las personas que experimentan atracción por su propio sexo y sus familias, como parte de las intenciones durante la misa es una de las maneras de hacerles saber que la comunidad se preocupa de ellos.

Los miembros de los medios de información católicos necesitan estar informados sobre la atracción del mismo sexo, las enseñanzas de la Iglesia, y los recursos para prevenirla y tratarla. Panfletos y otros recursos que articulen claramente la doctrina de la Iglesia y proporcionen información sobre los recursos para aquellos que tengan necesidades en esta materia, debieran ser impresos y colocados en los casilleros para libros y panfletos en muchas parroquias.

Cuando un miembro de los medios de comunicación Católico, un profesor en una institución católica,o un cura, de información errada sobre la doctrina de la Iglesia o de la impresión de que la atracción homosexual es determinada genéticamente e inmutable, los laicos pueden ofrecerle información para corregir tales errores.


Los Obispos

La Asociación Médica Católica reconoce la responsabilidad que el Obispo Diocesano tiene de supervisar la enseñanza de la doctrina correcta en su Diócesis. Esto, sin duda, incluye instrucciones claras sobre la naturaleza y propósito de las relaciones sexuales entre las personas, y lo pecaminoso de las relaciones inadecuadas. La Catholic Medical Association espera poder trabajar con los Obispos y sacerdotes en ayudar a establecer grupos de apoyo apropiados y modelos de terapia para aquellos que tratan de superar la atracción homosexual. Si bien encontramos Courage y Encourage como muy útiles y valiosos, y los apoyamos activamente, estamos seguros de que hay otras maneras de proporcionar ayuda, y estamos dispuestos a trabajar con cualquier programa apropiado desde un punto de vista psicológico, espiritual y moral.


Esperanza

Jeffrey Satinover , Doctor en Medicina y Filosofía ha escrito de su amplia experiencia con pacientes que sufren de atracción homosexual:

"He tenido la gran suerte de haber encontrado a mucha gente que ha logrado salir del ambiente homosexual de vida. Cuando veo las dificultades que han encontrado, el coraje que han demostrado, no solo al encontrar esas dificultadies, sino al confrontar una cultura que usa todos los medios para negarle la validez de sus valores, metas y experiencias, me muevo a la admiración… Son estas personas —previamente homosexuales, y todos aquellos que están luchando en este momento en América y en el extranjero— que me parecen un modelo de todo lo que hay de bueno y posible en un mundo que toma el corazón humano, y al Dios de ese corazón, muy en serio. En mis exploraciones en el mundo del psicoanálisis, la psicoterapia y la psiquiatría, nunca antes he visto curaciones tan profundas." (Satinover 1996)

Los que quieren librarse de la atracción homosexual frecuentemente se vuelven en primer lugar hacia la Iglesia. La Asociación Médica Católica quiere estar segura de que encontrarán la ayuda y la esperanza que buscan. Hay muchas razones para esperar que todos los que experimenten atracción homosexual y que busquen ayuda de la Iglesia, puedan verse libres de la actividad homosexual y muchos puedan encontrar aún más, pero vendrán sólo si encuentran amor en nuestras palabras y obras.

Si los profesionales de la salud Católicos no han sido capaces en el pasado de satisfacer las necesidades de esta población, y fallado en trabajar activamente para desarrollar prevención efectiva y terapias de tratamiento, o hayamos fallado en tratar a las personas que tienen estos problemas con el respeto debido a cada persona, les pedimos disculpas.

La Asociación Médica Católica reconoce que los profesionales de la salud mental tienen un deber especial en esta área y espera que este documento pueda ayudarlos a satisfacer ese deber de acuerdo a los principios de la Iglesia Católica.

Las investigaciones citadas en este trabajo provienen de una gran variedad de fuentes. En la mayoría de los casos muchas otras fuentes podrían haberse citado.

Debiera también indicarse que muchos de los autores citados no aceptan las enseñanzas de la Iglesia sobre la naturaleza intrínsecamente desordenada de los actos homosexuales. No se ha hecho esfuerzos por distinguir entre aquellos que están de acuerdo y los que no, ya que los que favorecen la prevención y el tratamiento y aquellos que defienden las terapias de apoyo a la homosexualidad presentan evidencias y material de estudio esencialmente consistentes, y difieren solamente en sus interpretaciones y la importancia de la evidencia presentada.
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¿Cómo educar a nuestros hijos para la castidad?


Aunque no se ofreciera educación sexual en las escuelas, de todas maneras nuestros hijos tienen que enfrentarse a una cultura que los está estimulando constantemente y que está saturada con información errónea sobre la vida sexual. Muchos de los padres están tan confusos como sus hijos. ¿Qué podemos hacer nosotros, los educadores, y especialmente los educadores religiosos? ¿Debemos ignorar este reto a la salud, la estabilidad emocional y la salvación de sus almas?

Yo no puedo en conciencia observar en silencio la destrucción de nuestra juventud. Tenemos mucho que perder, por ejemplo, los líderes del futuro, además de los millones de almas que estos niños representan.

Por eso, yo viajo por todo el país dando conferencias a la juventud, a los padres, a los profesores (y a cualquiera que quiera oírme), para hablarles sobre la castidad. Sí, la castidad. Esa virtud olvidada e irreal de la era anterior a la "píldora".

¿Escucharán?



Sin embargo, es cierto que la juventud de nuestra época no se va a convencer por una mera exhortación a la castidad. Muchos adultos todavía recuerdan la era en la cual el sexo era considerado tabú, y la castidad significaba el evitar cogerse de manos. Pero lo bueno es que los jóvenes al no oír hablar de la castidad, tampoco oyeron hablar de todas las exageraciones que se difundieron a través de la falta de comprensión de esta virtud.

Tenemos la libertad de comenzar desde el principio y enseñar la castidad en todo su resplandor y belleza positiva. ¿Positiva? Sí, muy positiva. Yo les quiero mostrar que la castidad es positiva y que consiste en algo más que evitar las relaciones sexuales, para no quedar en estado, contraer enfermedades, o ir al infierno. La castidad es vivir y respetar nuestra propia sexualidad tal como es, y de la manera que Dios la creó, permitiéndonos participar y encontrar el amor verdadero, que es el amor de Dios. Porque a fin de cuentas, los jóvenes no están buscando relaciones sexuales, lo que están buscando es el amor y eso no lo están encontrando en las relaciones sexuales. Ellos necesitan que se les explique que el amor lo van a encontrar en la castidad.

¿Y cómo creen ustedes que ellos van a reaccionar a esta virtud tan "irrealista"?

Pues les diré: ¡con mucho entusiasmo! Los jóvenes de hoy anhelan recibir consejos y guía; ellos quieren que se les explique lo que es el bien y el mal y las razones por las cuales deben guiarse. Ellos se sienten realmente agradecidos cuando alguien les dedica tiempo y se sienta con ellos a explicarles de manera positiva, el porqué no deben tener relaciones sexuales fuera del matrimonio. Muchos de ellos han sufrido en silencio las consecuencias emocionales y físicas de las relaciones sexuales fuera del matrimonio, sin ni siquiera saber qué era lo que estaban haciendo mal, ni tener a dónde recurrir para recibir ayuda o apoyo.

Enseñe la castidad, no la sexualidad

Yo no explico los detalles del acto sexual en mi programa de castidad. Las relaciones sexuales son consideradas privadas y sagradas. Un programa serio y profesional, en el cual se promueve la castidad, refuerza estos valores y no los menoscaba. Los jóvenes salen de nuestras charlas inspirados, no excitados. Salen con una idea nueva de respeto hacia este poder tan inmenso que es el don divino de la sexualidad y se dan cuenta de lo maravilloso que es el poder participar con la Divina Providencia en la creación de la vida.

El Papa, Beato Juan Pablo II, ha reconocido de manera clara y precisa la necesidad de promover una renovación de respeto hacia este don de la sexualidad; y por eso, dedicó varios primeros miércoles de mes, a hablar sobre el tema: "La Teología del Cuerpo Humano" en sus audiencias pontificales. Los jóvenes de hoy también necesitan experimentar este nuevo espíritu de renovación y respeto hacia el don de la sexualidad... Para reconocer por qué las relaciones sexuales son sagradas, por qué son exclusivamente para el uso dentro del matrimonio y por qué Dios ha creado seres humanos de ambos sexos, femenino y masculino. Necesitamos buenos programas en las iglesias y en las escuelas para ayudar a los padres y a los jóvenes a recobrar ese respeto.
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Controla tus estados emocionales


Callar, hablar, ¿cómo cultivar esta virtud?, ¿donde empieza la prudencia y dónde la sabiduría? Te compartimos esta reflexión anónima de gran profundidad.

El arte de hablar y la virtud de callar

Hablar oportunamente, es acierto.
Hablar frente al enemigo, es civismo.
Hablar ante una injusticia, es valentía.
Hablar para rectificar., es un deber.
Hablar para defender, es compasión.
Hablar ante un dolor, es consolar.
Hablar para ayudar a otros, es caridad.
Hablar con sinceridad, es rectitud.
Hablar de sí mismo, es vanidad.
Hablar restituyendo fama, es honradez.
Hablar aclarando chismes, es estupidez.
Hablar disipando falsos, es de conciencia.
Hablar de defectos, es lastimar.
Hablar debiendo Callar, es necedad.
Hablar por Hablar, es tontería.
Hablar de Dios, significa mucho amor.

Callar cuando acusan, es heroísmo.
Callar cuando insultan, es amor.
Callar las propias penas, es sacrificio.
Callar de sí mismo, es humildad.
Callar miserias humanas, es caridad.
Callar a tiempo, es prudencia.
Callar en el dolor, es penitencia.
Callar palabras inútiles, es virtud.
Callar cuando hieren, es santidad.
Callar para defender, es nobleza.
Callar defectos ajenos, es benevolencia.
Callar debiendo Hablar, es cobardía.

Debemos aprender primero a Callar para poder Hablar luego, pero siempre con acierto y tino, porque si Hablar es plata, Callar es oro.

Y recuerda siempre: "que tus palabras sean mas valiosas que el silencio que rompen."

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Habla para ser escuchado


La relaciones familiares, debido al ambiente de seguridad y confianza y a los lazos emocionales y psicológicos que logran desarrollar entre sus miembros, se convierten en un medio natural para que sus integrantes descubran formas para ayudarse y complementarse, satisfaciendo muchas de sus necesidades, especialmente las más profundas y complejas como las emocionales y afectivas.

Cuando los miembros de una familia aprenden a comunicarse identificando el: cómo, cuándo, dónde y en que tono hablarse; de tal forma que logran construir una relación positiva y sólida, han dado un paso vital, contribuyendo a que la familia cumpla con su misión al crear condiciones para que todos los involucrados se sientan: queridos, apoyados, tomados en cuenta y con posibilidades reales de ser mejores personas.

Para aprender a comunicarse con efectividad dentro de la familia se requiere: tomar en cuenta las diferencias interpersonales, adecuar las formas de comunicación de acuerdo a personas, edades y circunstancias, emplear enfoques específicos para comunicarse con los hijos en sus diferentes etapas de desarrollo, principalmente en la edad adolescente, tener conciencia de los errores y fallas que pueden afectar negativamente el proceso, y saber aprovechar la comunicación como medio para transmitir valores y dar dirección y rumbo a la vida familiar.

La relaciones familiares, debido a los lazos emocionales y psicológicos que logran desarrollar entre sus integrantes, y al ambiente de seguridad y confianza que pueden llegar a generar, se convierten en un medio en el que sus integrantes, en forma natural y espontánea, pueden ayudarse y complementarse, satisfaciendo muchas de sus necesidades, especialmente las más profundas y complejas como las emocionales y afectivas.

Hace poco, un joven de 20 años se suicidó. En la carta que dejó explicando los motivos de su decisión, mencionaba que su vida “no valía la pena porque se daba cuenta de que le resultaba imposible comunicarse con sus padres, pues no lo tomaban en cuenta y solamente lo consideraban como alguien que estaba allí por accidente y a quien debían alimentar, mantener y tolerar”. Un caso dramático y real, que pone en evidencia la importancia de las relaciones familiares en el desarrollo de los lazos emocionales, psicológicos y del ambiente de confianza y seguridad, que todo ser humano requiere para poder dar sentido a su vida.

Al comunicar aspectos importantes para la vida familiar, es necesario prever lo siguiente:


* Qué decir. Es difícil comunicarse cuando no se ha definido con claridad qué es lo que se quiere decir. Si no hay esa claridad se corre el riesgo de confundir el mensaje con los propios deseos, sentimientos, temores o necesidades, deformando su contenido.

* Cómo decirlo. Toda comunicación debe ser respetuosa, pero también tiene que ser adecuada a la temática, a la persona a quien está dirigida y a la situación particular en la que ésta se presenta.

* Cuándo decirlo. Siempre hay un mejor momento y un estado emocional adecuado, para lograr mayor receptividad. A veces es conveniente esperar ese momento para lograr una comunicación eficaz.

La comunicación es la base de toda relación humana, por lo mismo, todos los seres humanos somos capaces de comunicarnos, sin embargo, habrá que preguntarse ¿de qué manera nos estamos comunicando y cuáles son las consecuencias de esa comunicación?.




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Liberación femenina, ¿qué hay de cierto y falso?


Para más de uno, el tema de la maternidad debería quedar como algo exclusivo de las mujeres. Los hombres deberíamos callarnos, no decir ni palabra, porque no podemos quedar embarazados.

Si se lleva a su máximo extremo la postura anterior, media humanidad no podría emitir ningún juicio sobre el tema. Lo cual es caer en una doble injusticia.

La primera injusticia: se atentaría contra el derecho a la libertad de expresión. Excluir a todo un “colectivo”, el de los hombres, sobre un tema tan importante es una injusticia digna de ser condenada con firmeza.

La segunda injusticia: los hombres y las mujeres nacen gracias a la unión entre hombres y mujeres. No hay maternidad si no hay paternidad, no hay niños sin que cada uno nazca de un hombre y de una mujer. Es decir, la maternidad no es un asunto privado ni exclusivo de la mujer.

Los hombres tienen, por lo tanto, mucho que ver con la maternidad. Porque cada uno de ellos ha nacido gracias a mujeres que han dicho “sí” a su maternidad. Sin mujeres que acojan a sus hijos, no nacería ningún hombre. Ni ninguna mujer, también hay que decirlo.

Además, como ya dijimos, no hay mujer que sea madre si no es con la ayuda de un hombre que también llega a ser padre.

Los problemas surgen cuando los hombres se esconden, huyen de sus responsabilidades como padres. Algunos no quieren saben nada de un embarazo que inicia, de un hijo que también es de ellos. Es entonces cuando dejan sola a la mujer, como si la maternidad fuese un asunto privado, como si sus actos no tuviesen responsabilidades en la nueva vida que ha iniciado.

Hay que considerar, también, la vida del hijo. No es justo ver al hijo, durante los meses de embarazo, como un asunto privado de la mujer. Los que hoy disfrutamos de la vida un día estuvimos en el útero de nuestras madres. Si nacimos fue porque antes fuimos embriones y fetos. No éramos un objeto, ni algo que estaba allí a disposición de lo que decidiesen en total libertad los adultos.

Ciertos movimientos que se autodeclaran defensores de la mujer necesitan abrir los ojos ante esta realidad. La maternidad afecta a tres seres humanos: el padre, la madre, el hijo. Negar los derechos de uno de ellos en función de los gustos o caprichos sólo de la mujer (o del hombre y de la mujer cuando se “alían” para acabar con la vida de su hijo, o del hombre cuando obliga a la mujer a abortar) es promover una cultura del dominio y de la muerte. Lo contrario de lo que estaría llamado a buscar cualquier feminismo que se propusiese defender seriamente la dignidad de las mujeres.

El feminismo auténtico, verdadero, serio, será respetuoso de toda vida humana. Será justo y solidario. Estará dispuesto a tutelar y a asistir a cualquier mujer madre que viva en situaciones de pobreza, falta de higiene, desprecio o marginación. Será capaz de responsabilizar al hombre-padre en la vida de cada nuevo hijo. Protegerá y buscará el bien de los hijos. Que son los hombres y las mujeres del mañana. Lo cual es el fruto más maduro y más rico de cualquier movimiento que quiera defender, auténticamente, los derechos humanos.
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Madres Eduacadoras


Su ser educadora

La madre es la primera educadora del hijo


La mujer es madre en todas las dimensiones de su persona, no solamente en el plano biológico. Así que su misión materna no se reduce a gestar, dar a luz y alimentar a su hijo sino que consiste en «darle la vida» en el sentido humano y pleno, como corresponde al hijo en su condición de persona. De ahí que la madre es la educadora, la primera «formadora» del hijo y, por extensión, de toda la humanidad. Ella «da forma» a ese ser a imagen y semejanza de Dios y lleva al hijo a su plenitud humana. La mujer realiza esta misión no en un nivel meramente intelectual, ofreciendo una serie de enseñanzas, normas, conocimientos a su hijo, sino que le da toda su persona para que el hijo llegue a ser persona en plenitud.

Esto lo comunica la madre con la entrega de todo su ser: su cuerpo, su energía, su atención, su psicología, su imaginación, su sensibilidad, su goce y su sufrimiento en el don. Todo lo recibe el hijo y llega a imprimirse en su ser de forma indeleble. Sobre todo en los primeros años de vida del niño, desde su nacimiento hasta los cinco años, se da una unión física y psicológica muy fuerte entre madre e hijo a través de la cual la madre imprime en el niño los códigos de conducta que lo marcarán de forma definitiva para el resto de su vida. Esta experiencia es tan profunda en el niño que difícilmente otros «códigos» llegarán a borrar lo asimilado en esta etapa de su desarrollo. Aunque en etapas posteriores, el niño absorba códigos contrarios, tarde o temprano, sobre todo en su edad adulta, saldrá a la luz en sus reacciones y comportamientos lo que vivió en su primera infancia.


La educación: tarea recíproca del padre y de la madre
La mujer, con el apoyo del hombre, forma en sus hijos, el corazón del hombre y de la mujer. Esta misión dará todo su fruto en los hijos y en la comunidad familiar en la medida que tanto el padre como la madre se entreguen a su educación y acompañamiento. En esta misión, juega un papel importante la entrega recíproca que manifiesten los padres. Su amor esponsal ofrece al niño un clima indispensable para crecer con serenidad y madurez emocional. De ahí la necesidad mutua de cuidar y crecer en el amor por el bien de los hijos. Para esto la misma tarea educativa ayudará a que los lazos del amor se fortalezcan en el cumplimiento de su primer deber como padres. La tarea educativa implica no poco sacrificio, comunicación constante, compenetración de la pareja, flexibilidad y adaptación del uno al otro y de ambos a los hijos.

Los padres que aman de verdad, acogen a su hijo desde el momento de la concepción con una actitud incondicional, amándolo por sí mismo, independientemente de sus rasgos, cualidades, salud, personalidad. Ellos están llamados a ser instrumentos para que su hijo se desarrolle y florezca sobre todo en el amor, y de esta manera dé fruto llegando a ser un don para la humanidad.

Por otro lado, es importante que la función educativa no recaiga únicamente en uno de los cónyuges. Tanto el padre como la madre dejan en el niño una huella y unos códigos de conducta a través de la presencia cercana, solícita, atenta, activa de cada uno según su feminidad y según su masculinidad. Si falta la figura del padre como educador, difícilmente la madre podrá llenar su espacio y transmitir al hijo su influjo educativo. Igualmente en el caso de que sea la madre la que falte. Los padres, ambos, deberán cuidar, por tanto, que sus tiempos en el hogar sean realmente educativos. Aún viviendo la familia en la misma casa, los hijos pueden crecer con la ausencia de su influjo si las relaciones de familia han sido escasas, distantes y superficiales.

Por el contrario, la presencia equilibrada, no avasalladora ni posesiva, constante, natural, cordial, dentro del ritmo sencillo de la vida cotidiana, de los dos esposos unidos, aporta a los hijos unas bases de solidez emocional y afectiva, autoestima y equilibrio humano que asegurará su futuro de personas integralmente preparadas y formadas para cumplir con éxito su misión en la vida.

Al mismo tiempo, los padres reciben también de sus hijos auténticas lecciones de humanidad. Ellos podrán beneficiarse grandemente del don de sus hijos si mantienen ante ellos una actitud de apertura y disponibilidad. Cuando los niños manifiestan a los padres su amor por el bien y la verdad, se convierten para ellos en verdaderos testigos y mensajeros de Dios para la familia.

La mujer en las instituciones educativas

La mujer puede, así mismo, prolongar su misión educadora más allá de los límites de su propia familia, dedicándose a la formación de la infancia y la juventud en una institución educativa.

Todos aquellos que se dedican a la educación, se encuentran en una situación privilegiada para moldear las mentes de las personas que les son confiadas. Su labor como codificadores de conducta será trascendente para el futuro de los alumnos, siempre que en su trabajo no se reduzcan a «informar» sino que transmitan actitudes y principios de vida, convirtiéndose en auténticos testigos de la verdad.

Los educadores, en este caso la mujer educadora, se convierte para los educandos en modelos de comportamiento. Ellos llegan a moldear lo que será el conjunto de opiniones, ideas, actitudes, conductas, modos de reaccionar del grupo humano sobre el que influyan. Es necesario tomar conciencia del alcance que tiene la educación como un medio que forma las mentalidades. Un niño o un adolescente entra en profundo conflicto cuando hay un enfrentamiento entre lo que le enseñan en casa sus padres y lo que oye en el colegio de sus profesores. Padres y formadores son para el niño una verdadera seguridad, un punto de referencia de todas sus facultades, particularmente un punto de referencia afectivo. Este tipo de antagonismos supone para él profundas rupturas que tendrán sus consecuencias en años posteriores: individualismo, relativismo, falta de confianza en sí mismo y en los demás, rebeldía contra toda autoridad.

Por lo tanto, las mujeres, que son, al mismo tiempo, madres y educadoras, conscientes de esta realidad, podrán influir muy positivamente en el ámbito educativo entablando relación con los padres de los alumnos para lograr que eduquen al niño de forma armónica de modo que no sienta división entre lo que aprende en casa y en el colegio. Al mismo tiempo, las educadoras pueden extender su influjo a los mismos padres de familia dándoles a conocer los principios que se enseñan a sus hijos para que sea toda la familia la que se enriquezca con el conocimiento de la verdad. Así la escuela se convierte en una fuente de irradiación de la verdad en las familias.
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Economía familiar



Familia, factor decisivo de una buena economía.
Ante los constantes ataques que está padeciendo la institución familiar, varias disciplinas humanas y científicas han publicado resultados importantes que dejan ver la incidencia negativa que tiene en la sociedad las legislaciones que la desprotegen.

Una de esas ciencias, cuyas investigaciones y resultados se conozcan tal vez menos, es la economía. Desde hace varios años Gary Stanley Becker, premio Nobel en esa rama 1992, ha venido evidenciando que la familia es el fundamento de la economía. ¿Cómo justifica esta afirmación?


Becker parte de tres conceptos y principios básicos de la economía:
A) Los agentes económicos: personas y organizaciones que buscan intercambiar bienes entre sí para obtener beneficios,
B) el mercado: lugar donde se realiza el intercambio de bienes entre agentes y
C) los factores de producción (tierra, trabajo y capital): aquellos con los cuales se elaboran bienes que los agentes necesitan (por ejemplo, si el bien fuera el maíz, la cantidad de tierra sería lo que le conferiría valor, el capital sería la maquinaria que interviene en el proceso productivo y el trabajo la actividad humana que interviene en el proceso).

Una vez repasados esos pilares, Gary Becker se pregunta por qué se busca producir bienes e intercambiarlos. La respuesta es sencilla: todos los hombres tienen necesidades y buscan satisfacerlas obteniendo utilidades. Es precisamente a lo que satisface una necesidad a lo que el hombre le otorga un valor y así se genera la riqueza. Sin embargo, piensa Becker, los recursos disponibles son limitados y las necesidades son ilimitadas. ¿Qué hace el hombre? Busca la eficiencia, mayor riqueza a menor costo, es decir: los individuos buscan maximizar su bienestar (pero viven en sociedad y son parte de un grupo mayor), la sociedad busca maximizar su utilidad (pero no es lo mismo que lograr misma utilidad para cada uno). Y así explica las diferentes clases socioeconómicas.

¿Cómo fundamenta Gary Becker su investigación? Becker parte del campo de los factores de producción. Considera que hay un cuarto factor de producción de mayor relevancia que los otros tres (tierra, trabajo y capital) para producir bienes, el capital humano. ¿Qué entiende Becker por capital humano? Todas aquellas habilidades y cualidades humanas que la persona tiene al nacer, que va acumulando durante la vida y que contribuyen a que realice su trabajo de manera más eficiente, aumentando su productividad. Así el premio Nobel logra poner a la persona como centro de la economía y es justamente aquí donde familia y economía se enlazan.

La economía sostiene que la sociedad busca maximizar utilidades y bienestar a lo largo del tiempo. ¿Cómo se logrará? Haciendo que el país incremente año con año su riqueza. ¿Pero cómo sucederá esto? Haciendo eficiente el proceso generador, el proceso de producción e intercambio. Y es concretamente en este paso donde la familia, como organización humana básica y fundamental, puede hacer que se logre esa eficiencia. Repasemos por qué.

1. La familia realiza una gran inversión en capital humano. Esta inversión la efectúan los padres en sus hijos en áreas como la salud o la educación, por ejemplos. La inversión es grande y, desde la perspectiva económica, el beneficio que a ellos les produce es muy bajo. Nadie más la haría sino los padres, ni aun el gobierno. De hecho, esta inversión implica una renuncia a otros bienes materiales (coches, viajes, etc.). En palabras de Becker, los padres realizan todo eso porque son “altruistas” y le dan un valor superior a ese altruismo que a cualquier otro bien.

2. La sociedad no crece ni se desarrolla si no invierte en capital humano. Si no hubieran papás interesados en el bienestar de sus hijos, no se hubiera dado un desarrollo económico como el que sucedió en Estados Unidos cuando, a mediados del siglo pasado, muchos padres enviaron a sus hijos a universidades en lugar de ponerlos a trabajar desde jóvenes. Esto posibilitó el que ese país se desarrollase pues el capital humano fue óptimo.

Con esas dos constataciones, Gary Becker justifica la existencia de la familia y su carácter de indispensable desde un punto de vista y argumentación exclusivamente económico. Pero no es todo. A partir de las implicaciones y consecuencias positivas del nexo economía-familia, Becker profundiza en el tema de la familia. Presenta el matrimonio como una ganancia donde tanto el hombre como la mujer obtienen un beneficio mayor que el que tendrían permaneciendo solteros. Parte de esa ganancia son los hijos.

Becker defiende que los hijos son una de las razones por las que una pareja desea casarse. Y recuerda, desde la óptica de la economía, que son considerados un bien durable por los padres, pues aunque en cierta núbil edad no producen nada, en un futuro sí lo harán. Por eso Becker se permite afirmar que es necesario que los matrimonios tengan hijos pues únicamente así garantizan que el crecimiento económico de un país se prolongue. Desde este punto de vista se entiende una afirmación lapidaria del Nobel: un país sin personas no contará con el capital humano ni con la mano de obra necesaria para seguir generando riqueza. Sólo con familias numerosas se puede resolver el problema de la pobreza en el mundo.

Otra afirmación de importancia en relación con la familia es la incidencia negativa que desde el punto de vista económico tiene el divorcio en la sociedad. ¿Por qué una persona busca divorciarse? Porque ve en ello un beneficio. Pero, ¿realmente lo es? Becker deja ver que esa concepción del divorcio es errónea pues provoca serios daños tanto en individuos como en sociedad.

Cuando una pareja se divorcia los principales afectados son los hijos. Se ven afectados emotivamente y psicológicamente y esto repercute en la productividad. Pero no es todo. Los antes cónyuges se ven también afectados provocando que el Estado intervenga destinando recursos, antes eficientemente asignados. De ahí que el divorcio sea una lacra y que deba ser legislado como irrevocable mediante leyes.

Considerar el papel y valor de la sociedad desde el punto de vista de la economía, puede enriquecer y arrojar más luz en orden a una concientización que puede lograr dos cosas: reforzar la convicción de apoyo a la misma o tambalear la postura contraria a ella. Gary Becker pone en la mesa la urgente necesidad de apoyar y poner la debida atención que merece la familia.

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La confesión y su poder sanador


¿Psicoterapia o confesión?
Realmente reina el desconcierto en esta materia, con el agravante de que dicha confusión se vive hoy dentro del denominado pensamiento débil, y en el contexto de la Nueva Era

¿Psicoterapia o confesión?
Muchos son los fieles que se preguntan y nos preguntan cosas como éstas: ¿Mi problema es para un psicólogo o para un sacerdote? ¿Esto es materia de confesión o de “diván”? ¿Cuál es la finalidad de la psicoterapia, y qué es lo que me brinda el sacramento de la confesión?, etc.

Realmente reina el desconcierto en esta materia, con el agravante de que dicha confusión se vive hoy dentro del denominado pensamiento débil, y en el contexto de la Nueva Era. Evidentemente el tema es inmenso, nos limitaremos a lo esencial.

Primeramente digamos que el dilema planteado en la pregunta es falso, ya que en el Plan de Dios, todo ocupa su lugar, así lo inferior está al servicio de lo superior, se ordena a lo superior: lo biológico está en función de lo psicológico, lo psicológico en función de lo moral, lo moral (supuesta la gracia) en función del desarrollo de la caridad que nos hace verdaderos hijos de Dios. Dicho de modo más simple: comemos para pensar, pensamos para conocer el bien y practicarlo, y así (supuesta la gracia) ser más y más hijos del Buen Padre de los cielos. Delimitemos los campos:

A) Psicoterapia:





Es el “tratamiento de la enfermedades psíquicas o de los trastornos fisiológicos de origen psíquico, mediante métodos psicológicos” (Dorsch Friedrich:
“Diccionario de Psicología, Herder 1994). Su objetivo es influir (hoy ya no hablamos tanto de curar) positivamente en las funciones psíquicas perturbadas (memoria, lenguaje, etc.), o reestructurar complejos patrones perturbados (neurosis, psicosis, depresiones, etc.).

Para que se dé el acto psicoterapéutico tiene que haber seis elementos esenciales: tiempo, espacio, paciente, experto, convenio y técnica que se aplica. Esto es común a todas las corrientes: dinámicas, conductuales, cognitivas, psicodramáticas, sistémicas, humanistas, etc.

B) Confesión:

Es un sacramento instituido por Cristo, que nos libra de nuestros pecados, y nos reconcilia con Dios y con la Iglesia (C.I.C 1422 y ss.).

Los elementos esenciales son el penitente (con sus actos propios: contrición, confesión y satisfacción), el ministro habilitado (sacerdote con sus debidas licencias) y el rito litúrgico de la celebración.

La psicoterapia ataca el desequilibrio, la confesión el pecado; la psicoterapia busca la armonía de la mente, la confesión el reencuentro con Dios; la psicoterapia es un proceso humano, la confesión una celebración Divino-humana; la psicoterapia mira fundamentalmente al tiempo, la confesión al tiempo y a la eternidad.

Solución del pseudo-dilema: un acto humano (supone siempre la libertad) que ha ofendido a Dios (lo cual supone conocimiento, consentimiento y materia grave o leve según sea) es para el confesionario; una desarmonía preeminentemente psíquica que advierto en mí o la advierte otro (aludimos a los conceptos de egodistónico y egosintónico) puede tratarse a nivel psicoterapéutico (siempre que dicho tratamiento respete por lo menos el orden natural).

Evidentemente hay puntos comunes, y por lo tanto todos los pacientes siempre deben confesarse (si son católicos se entiende), y a veces el penitente requiere tratamiento psicológico. Todo es don de Dios, ese Padre que nos conforta en el padecer mental, ese Rey que nos perdona 70 veces 7, así:

“La confesión no es una carga pesada para angustiarnos...Es un desahogo del alma, una inyección de alegría y esperanza. Es oír la voz dulce de Cristo, resucitado en mí, que me dice: ¡Levántate y anda!...Y yo que respondo: ¡Ahora empiezo de nuevo!”
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