Cómo volver a Jesús si lo he perdido

CUANDO CRISTO NACE EN EL CORAZÓN

Querida Lupita:

Gracias por ayudarnos a creer que los criterios del Evangelio se pueden vivir. Asistí a mi cursillo en Cancún y he ido a las cruzadas matrimoniales que se han organizado ahí y en Cozumel. Yo tuve una hija siendo soltera y unos años después me junté con un hombre con el que tuve otra niña. Mi vida fue muy desordenada en el tema de lo sexual y hasta hoy que me he encontrado con el Señor, mi pareja y yo queremos dejar atrás esa vida de pecado. Hoy sufrimos muchas consecuencias en nuestra sexualidad y con nuestras hijas, que no están bien. Queremos formar parte de los equipos de esposos que llevan su testimonio y que tanto ayudan. Pero seguimos arrastrando problemas y yo a veces tengo mucho odio hacia él. El ya me pidió matrimonio para estar bien con Dios pero no sé si será un error porque me dicen que una persona así no cambia.
Ana Sofí

Querida Sofi:

No es tiempo de renunciar sino de perseverar.

Dice la Palabra de Dios: “Cuando un espíritu impuro sale de un hombre, anda por lugares secos buscando descanso; pero al no encontrarlo, piensa: Volveré a mi casa de donde salí. Cuando regresa encuentra a ese hombre como una casa barrida y arreglada. Entonces va y reúne a otros siete espíritus peores que él, y todos juntos se meten a vivir en aquel hombre que al final queda peor que al principio” (Lc. 11, 24-26).
El propio Jesucristo nos advierte que si le hemos dejado nacer en nuestro corazón, no podemos abandonarle nuevamente sin riesgo grave para nosotros mismos.
Javier Echevarría nos recuerda que el pecado nos degrada como personas por su condición de acto contra nuestra verdad, contra lo que verdaderamente somos y estamos llamados a ser. Todo pecado hiere al hombre y vale la pena desandar ese camino y enderezar lo que estaba torcido. Esta es la penitencia que debemos hacer y así purificarnos.
Hay tantos hombres arrepentidos de un pasado en el que hicieron mucho daño por haber actuado sin Dios. Se han encontrado con Él, y desean ardientemente empezar de nuevo, piden perdón sinceramente pero sus esposas, y algunas veces sus propios hijos no quieren perdonar ya. “Demasiado tarde”, les dicen.
Me pregunto qué pasaría si estas mujeres aceptaran encontrarse con Cristo también y escucharan alto y claro que Él se regocija en la reconciliación y la unidad. Pero nuestros días son testigos de la agonía del amor. Ahí está pero no queremos amar.
Amar es creer que podemos ser nuevos, amar es vencer lo miedos para sentirnos fuertes y luchar una y mil veces. Amar es mirar a Cristo y creer que todo es posible. Amar es renunciar a los pensamientos catastróficos y elegir libremente el optimismo realista de Dios. Los pronósticos humanos denotan una especie de pesimismo que parece inspirado desde el infierno.
Este optimismo realista se refiere a que en nuestro corazón se alberga vivamente la esperanza de ser mejores –tanto nosotros como las personas y circunstancias que nos rodean- y en nuestra mente está la convicción de trabajar por superar, no sin esfuerzo desde luego, nuestros lastres.
Es cierto que no podemos cambiar como por arte de magia, pero si en verdad Cristo nace en nuestro corazón, apreciaremos el milagro de una nueva actitud. ¡Una nueva mirada para todo!

Lupita Venegas/Psicóloga
www.valoraradio.org
Twitter @lupitavenegasdc

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